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Desde hace tiempo, intento contestar a los comentarios que nos dejáis escritos pero el Blog no me permite publicarlos. (Debe de haber algún problema técnico, tal vez con mi ordenador o en su defecto, puede deberse a la red o servicio "Blogger").
OS RUEGO DISCULPAS pues llevábais mucho tiempo esperando una respuesta necesaria que sin embargo, no llegaba. (LO LAMENTO MUY SINCERAMENTE).
¿Podría pediros, POR FAVOR, que os pusiérais en contacto conmigo directamente a mi dirección de e-mail? (taira_135@hotmail.com) OS RESPONDERÉ TAN PRONTO COMO ME SEA POSIBLE.
Recordad que SIEMPRE SE PUEDE MEJORAR DE UN TOC pero que éste, precisa un tratamiento que combina: medicación, (ansiolítico junto con antidepresivo), con terapia psicológica cognitivo-conductual de Exposición y Prevención de Respuesta, (de elección en los casos de Neurosis Obsesiva o Toc).
Esta afección debe ser diagnosticada por un médico: (neuropsiquiatra, psiquiatra o psicólogo), y el tratamiento debe comenzarse cuanto antes para obtener los mejores resultados.
Buscad a los mejores profesionales de vuestra zona, (nosotros nos comprometemos a ayudaros, también, en este aspecto), y PONED TODO DE VUESTRA PARTE. LUCHAD PORQUE AL FINAL, PARECE QUE ESE ES EL SECRETO;"-)
MUCHÍSIMO ÁNIMO Y MIS MEJORES DESEOS CON EL MAYOR DE LOS AFECTOS;"-))),
Reyes Corbató

¡Hola a todos!;"-D
Con el nuevo año, acostumbran a llegar los buenos propósitos. El mío en esta ocasión, es el de actualizar este Blog con mayor frecuencia y responder a todos vuestros comentarios con la regularidad que merecéis.
Aprovecho una vez más, para rogaros DISCULPAS y AGRADECEROS VUESTRA COMPRENSIÓN Y PACIENCIA. (Nos demoramos dando respuesta a tantos e-mails aunque eso no es excusa en mi caso en concreto).
Juanma y yo os DESEAMOS UN INMEJORABLE 2011, CON TODO NUESTRO APRECIO Y NUESTRO CARIÑO MÁS SINCEROS;"-))):
Reyes Corbató
Con el nuevo año, acostumbran a llegar los buenos propósitos. El mío en esta ocasión, es el de actualizar este Blog con mayor frecuencia y responder a todos vuestros comentarios con la regularidad que merecéis.
Aprovecho una vez más, para rogaros DISCULPAS y AGRADECEROS VUESTRA COMPRENSIÓN Y PACIENCIA. (Nos demoramos dando respuesta a tantos e-mails aunque eso no es excusa en mi caso en concreto).
Juanma y yo os DESEAMOS UN INMEJORABLE 2011, CON TODO NUESTRO APRECIO Y NUESTRO CARIÑO MÁS SINCEROS;"-))):
Reyes Corbató

Estamos muy emocionados pues hemos podido saber que en la ciudad de Lima, (Perú), se organizó una conferencia psicológica en la se hizo mención a este Blog recordando la importancia de la terapia cognitivo-conductual de Exposión y Prevención de Respuesta en el tratamiento exitoso del Toc.
-Atentamente;"-))):
Reyes Corbató
PD: Un Toc se vence cuando perdemos el miedo a sentirnos culpables por no realizar la compulsión o rumiación que sólo logra aliviarnos momentáneamente, y convivimos con esa ansiedad. (Al final, es el único secreto para vencer al fantasma que acaba por desaparecer).
-Atentamente;"-))):
Reyes Corbató
PD: Un Toc se vence cuando perdemos el miedo a sentirnos culpables por no realizar la compulsión o rumiación que sólo logra aliviarnos momentáneamente, y convivimos con esa ansiedad. (Al final, es el único secreto para vencer al fantasma que acaba por desaparecer).
-Saludos a todos los lectores del Blog:
La verdad es que no se por dónde empezar...
Me temo que no me he encontrado bien estos últimos meses. No se trataba de nada grave, pero sí tuve algunos problemas personales.
No pude llegar a todos vosotros como merecéis y necesitáis publicando nuevas entradas en este Blog ni respondiendo a los comentarios que nos íbais dejando, (pude contestar a vuestros e-mails pero no sin un retraso que tampoco desearía que se hubiera producido).
Es por todo ello que NECESITARÍA ROGAROS MIS DISCULPAS MÁS SINCERAS A TODOS.
Por otro lado y para asombro, perplejidad pero sobre todo, desánimo de Juanma y míos, en este Blog se han ido publicando de manera AUTOMÁTICA Y SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO NI APROBACIÓN, una serie de entradas de contenido inadeacuado que nos han afectado mucho.
Desde aquí, OS PEDIMOS DISCULPAS POR TODOS ELLOS, (pues fueron más de uno y NO AUTORIZADOS EXPRESAMENTE POR LOS AUTORES). Imaginamos que si hirieron nuestra sensibilidad, ¡cuánto más pudieron AFECTAROS A TODOS VOSOTROS!
POR FAVOR, SABED QUE NOS ESTÁN VINCULADOS CON EL BLOG Y QUE CUENTAN CON NUESTRA NEGATIVA Y REPULSA. (Intentaremos averiguar cómo impedir que esto vuelva a suceder).
Iremos respondiendo a todos vuestros comentarios y publicaremos entradas de soporte, apoyo, ánimo pero también, entradas que contengan información que consideremos interesante relativa al toc y muy especialmente, a su tratamiento.
-Atentamente y CON TODO MI CARIÑO Y MI AFECTO;"-***:
Reyes Corbató
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La verdad es que no se por dónde empezar...
Me temo que no me he encontrado bien estos últimos meses. No se trataba de nada grave, pero sí tuve algunos problemas personales.
No pude llegar a todos vosotros como merecéis y necesitáis publicando nuevas entradas en este Blog ni respondiendo a los comentarios que nos íbais dejando, (pude contestar a vuestros e-mails pero no sin un retraso que tampoco desearía que se hubiera producido).
Es por todo ello que NECESITARÍA ROGAROS MIS DISCULPAS MÁS SINCERAS A TODOS.
Por otro lado y para asombro, perplejidad pero sobre todo, desánimo de Juanma y míos, en este Blog se han ido publicando de manera AUTOMÁTICA Y SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO NI APROBACIÓN, una serie de entradas de contenido inadeacuado que nos han afectado mucho.
Desde aquí, OS PEDIMOS DISCULPAS POR TODOS ELLOS, (pues fueron más de uno y NO AUTORIZADOS EXPRESAMENTE POR LOS AUTORES). Imaginamos que si hirieron nuestra sensibilidad, ¡cuánto más pudieron AFECTAROS A TODOS VOSOTROS!
POR FAVOR, SABED QUE NOS ESTÁN VINCULADOS CON EL BLOG Y QUE CUENTAN CON NUESTRA NEGATIVA Y REPULSA. (Intentaremos averiguar cómo impedir que esto vuelva a suceder).
Iremos respondiendo a todos vuestros comentarios y publicaremos entradas de soporte, apoyo, ánimo pero también, entradas que contengan información que consideremos interesante relativa al toc y muy especialmente, a su tratamiento.
-Atentamente y CON TODO MI CARIÑO Y MI AFECTO;"-***:
Reyes Corbató
Alberto, ( lector y GRAN AMIGO ya no sólo del Blog, si no a nivel personal;"-DDD), nos envió el siguiente e-mail que os facilito a continuación.
Estimamos oportuno publicarlo pues consideramos que puede ayudar a todos cuantos nos seguís o nos leéis esporádicamente.
MUCHÍSIMAS GRACIAS ALBERTO Y ESPERAMOS QUE PUEDA RESULTAROS INTERESANTE, ( A MÍ, PERSONALMENTE, ME LO PARECIÓ Y MUCHO).;"-DDD
-Atentamente:
Alberto, Juanma y Reyes
PAUL SALKOVSKIS · EXPERTO EN HIPOCONDRIASIS Y EN ANSIEDAD"No piense en un oso blanco"IMA SANCHÍS - 25/08/2007 La Vanguardia
Tengo 51 años. Nací en el norte de Inglaterra y vivo en Kent. Estoy casado y tengo dos hijos. Trabajo en el Instituto de Psiquiatría de Londres. Soy socialista y me preocupa el servicio de salud nacional, mal resuelto. Soy ateo. He venido a dar una charla al V Congreso Mundial de Terapias Cognitivas y Conductuales de Barcelona TIENE CURA.
Es un médico campechano y extrovertido, colabora con Channel 4, en un programa de divulgación e información sobre trastornos psicológicos y su tratamiento. En los últimos veinte años se ha dedicado al trastorno obsesivo compulsivo (¿recuerdan a Jack Nicholson en ´Mejor imposible´?), que hasta hace poco estaba considerado una rara enfermedad psiquiátrica que no respondía al tratamiento. Hoy es reconocido como un problema común que afecta a un 2-3% de la población, es más frecuente que la esquizofrenia o la anorexia. El problema es que esos pacientes tardan en ir al médico unos siete años. En cuanto a los hipocondriacos, otra de sus especialidades, nos previene de la gravedad de algunos casos, pero asegura que tienen cura.
ENTREVISTA.
- ¿Los hipocondriacos son enfermos imaginarios?- Ellos prefieren que les llamen personas que sufren ansiedad por la salud precisamente porque no es una enfermedad imaginaria.
- ¿Y por qué a uno le da por preocuparse por su salud hasta enfermar?- Normalmente debido a historiales familiares de enfermedad. Estos pacientes van de médico en médico hasta asegurarse de que están perfectamente.- Nadie está perfectamente a partir de cierta edad.- Por eso siguen preocupándose y buscando la confirmación de que están sanos. Al centrarse cada vez más en su organismo desarrollan síntomas.
- ¿Qué tipo de síntomas?- Si, por ejemplo, imaginan que tienen cáncer de garganta y se tocan continuamente, se acaba inflamando algún ganglio, es decir, teniendo problemas por su conducta. A la vez todo eso provoca un cambio en el estado de ánimo que desemboca en depresión o ansiedad.- Parece miedo a la muerte.- Si fuera eso, no se suicidarían, y es una enfermedad asociada a altos índices de suicidio. Se imaginan a sí mismos dependientes de la familia, perdiendo la dignidad, con mucho dolor, deteriorados.
- ¿A qué tipo de enfermedad temen?- Eso va variando, antes temían más al cáncer y ahora tenemos más pacientes con miedo a padecer sida, enfermedades neurológicas o la enfermedad de las vacas locas.
- ¿Qué hay detrás de esa percepción?- Creencias; por ejemplo, creer que si te pones enfermo tu familia te abandonará
.- ¿Hay rasgos de personalidad que se repitan en estos enfermos?- El perfeccionismo y la dificultad de tolerar la incertidumbre.
- ¿Cómo los cura?- Desde hace diez años con terapia cognitiva conductual, doce sesiones en las que se tratan las creencias del paciente y los comportamientos que agravan el problema.
- ¿Ha visto Mejor imposible de Jack Nicholson?- Sí, es la historia, muy bien contada, de un hombre con trastorno obsesivo compulsivo; ya sabe: lavarse las manos continuamente, comprobar mil veces que la puerta esté bien cerrada, pensamientos de violencia y agresión contra otras personas…
-... pero que no se llevan a término.- No. Las obsesiones son pensamientos intrusivos que todos tenemos, el problema viene cuando te los tomas en serio.
- Eso es muy filosófico.- El pensamiento se convierte en obsesivo y desencadena la convulsión cuando intentas no pensar en ello. Si yo le digo: "No piense en un oso blanco", no puede hacerlo.
- Todos tenemos pensamientos intrusivos, ¿cómo los podemos combatir?- No hay que combatirlos, sino todo lo contrario, dejar que estén ahí y centrarse en otras prioridades. En realidad son pensamientos muy valiosos, que nos hacen creativos. Fíjese cómo se queda la gente cuando le hacen una lobotomía.
- Pero los pensamientos intrusivos son bastante estúpidos.- En situaciones en que uno es vulnerable le hacen sentir fatal y dejan de ser estúpidos.
- Por eso son estúpidos, porque te hacen sentir mal sin sentido.- A menudo los pensamientos intrusivos son lo contrario que uno piensa normalmente, para una madre amante de sus hijos sería matar a su hijo, para una persona muy religiosa serían pensamientos blasfemos. El problema es que los enfermos creen que sus pensamientos pueden llegar a dominarlos.
- ¿Alguien se libra de la ansiedad?- Los psicópatas no la padecen, no temen las consecuencias de sus actos. Es el otro extremo del trastorno obsesivo compulsivo.
- La ansiedad en un sistema de defensa.- Sí, y hay gente que tiene un grado de ansiedad tan bajo que se pueden matar accidentalmente. Pero está claro que la ansiedad extrema es una enfermedad moderna.
- ¿Por qué sufrimos tanta ansiedad?- Porque hoy tenemos mucho que perder.
- ¿La reflexión sería una manera de combatir la ansiedad?- La reflexión es necesaria, pero a mucha gente le produciría más ansiedad.
- ¿Mejor mirar a lo lejos?- Buena propuesta, mantener los ojos en el horizonte, porque eso te indica adónde estás yendo. También es bueno meditar, pero meditar requiere estar en el momento presente. Quizá lo que habría que hacer es una combinación de los dos.
- ¿Qué paciente le ha sorprendido más?- Una mujer de 72 años con trastorno obsesivo compulsivo desde los 14, que en un tratamiento de cinco horas estaba curada.
- ¿Qué le dijo para ser tan convincente?- Su pensamiento obsesivo era que iba a hacer daño a los demás y el tratamiento consistió en mostrarle que no era cierto. Justamente la confronté a aquellas situaciones que ella evitaba, como hacer pasteles de chocolate porque pensaba que no podría evitar poner cristales dentro.
- ¿Y el pastel se lo comió usted?- Sí, el mejor pastel de chocolate que jamás he probado.
- ¿Qué es lo que más le sorprende de la mente humana?- La capacidad de la gente de ignorar los problemas y no buscar ayuda. Y que esas personas que ves tan amables y gentiles también están llenas de ansiedades, las experiencias difíciles pueden afectarnos muy negativamente a cualquier edad, somos muy frágiles.
La terapia cognitivo-conductual se convierte en un tratamiento a la carta. La aplicación de la terapia cognitivo-conductual sigue la tendencia de muchos tratamientos médicos actuales, ya que en los últimos años han surgido nuevos desarrollos que permiten hacer psicoterapia a la medida de cada paciente, ha explicado Xavier Pellicer, presidente de un congreso internacional celebrado en Barcelona sobre esta terapia.Patricia Morén Barcelona 16/07/2007La aparición de nuevos desarrollos de la terapia cognitivo-conductual en los últimos años ha permitido aplicar esta terapia cada vez más a la medida de cada paciente, como ocurre con otros tratamientos médicos, según Xavier Pellicer, presidente del comité organizador local del V Congreso Mundial de Terapia Cognitivo Conductual, organizado por la Sociedad Catalana de Investigación y Terapia del Comportamiento (Scritc) y la European Association for Behavioural and Cognitive Therapies (Eabct).El encuentro ha reunido a 3.500 expertos en terapia cognitivo conductual, tanto psiquiatras como psicólogos, de 70 países.La terapia cognitivo conductual funciona en un alto porcentaje de casos. Así, en el manejo de los trastornos depresivos (cuando la depresión no es endógena), se logran tasas de éxito -entendido éste como la curación del paciente o la consecución de una mejora notable- de entre el 60 y el 80 por ciento; e incluso se ha visto que es más eficaz que la administración de fármacos antidepresivos.En los últimos años han aparecido nuevos desarrollos de la terapia cognitivo-conductual, como la de esquemas o la de aceptación y compromiso. La terapia de esquemas consiste en trabajar con los esquemas mentales y sistemas de creencias del individuo para mejorar su impulsividad e inestabilidad emocional, su tolerancia a la frustración -que es baja- y evitar los cambios de humor rápidos. Se aplica a pacientes con trastorno límite de la personalidad, aunque se intenta extender a otros trastornos.Otro ejemplo es la terapia de aceptación y compromiso, que se aplica a distintos trastornos de ansiedad, depresión y de la personalidad, y que consiste en trabajar con el paciente para que acepte los síntomas de su malestar en lugar de intentar combatirlos.En general, Pellicer explica que la terapia cognitivo- conductual en realidad constituye un conjunto de técnicas validadas empíricamente a través de estudios controlados. En la práctica clínica la posibilidad de ir combinando distintas técnicas cognitivas con otras conductuales permite aplicar terapias cada vez más ajustadas al perfil de cada paciente, al trastorno que sufre y a los factores causales.Pero en las investigaciones todos los terapeutas aplican el mismo protocolo (realizan exactamente las mismas sesiones con los mismos ejercicios), ya que tradicionalmente uno de los puntos débiles que se han atribuido a los estudios de terapia cognitivo-conductual es que sus resultados pueden variar en función del terapeuta que la aplique. Por eso un protocolo permite hacer psicoterapia de las mismas características y comparar los resultados.Pellicer también ha destacado que la terapia cognitivo-conductual ayuda a cambiar la conducta en pacientes con obesidad, diabetes, adictos a tóxicos o con otros problemas físicos.Muchos de estos pacientes no pueden seguir una dieta, un tratamiento o abstenerse de tomar sustancias tóxicas sencillamente por un problema de comportamiento. Otros pacientes, que se tratan con quimioterapia, si sufren angustia y malestar, lo abandonan.Si se tienen en cuenta todas las variables (no tomar la dosis prescrita por el médico, tomar menos o dejar la medicación antes de tiempo), el incumplimiento terapéutico se sitúa entre el 50 y el 80 por ciento de casos. De ahí que "combinar el tratamiento médico con la terapia cognitivo conductual pueda mejorar la calidad de vida del paciente y el cumplimiento", según Pellicer.
Potenciar aspectos positivos funciona en pocas sesiones.
La psicología positiva, que consiste en buscar las cualidades positivas que mantiene un individuo, a pesar de las adversidades que esté sufriendo en una etapa vital o del trastorno que padezca, funciona en un amplio número de sujetos y suele ser relativamente rápida, según Christine Padesky, directora del Centro de Terapia Cognitiva, de Hungtinton Beach (California), y conferenciante de una de las principales sesiones del congreso.Patricia Morén Barcelona 16/07/2007 Se trata de destacar las cualidades positivas en la vida de una persona con problemas. "Siempre hay algún aspecto bueno: para algunos puede ser relaciones de amistad y para otros tener un animal de compañía, tocar un instrumento musical o practicar un deporte", ha dicho Padesky.En todas esas facetas el individuo muestra su resistencia (resilience) al enfrentarse a obstáculos -un deporte, por ejemplo, exige entrenar y tiene riesgo de caídas y lesiones- y aplica estrategias para superarlos. Así, Padesky ha recordado a una paciente con depresión que dirigía su ira hacia sus hijos, pero a la que le gustaba hacer crucigramas. Cuando le resultaba difícil rellenarlos, aplicaba el sentido del humor y se decía a sí misma que ya los resolvería, pedía ayuda a conocidos o lo dejaba para más tarde. Tras elaborar una lista de estrategias, la terapeuta le instó a utilizarlas con sus hijos, de modo que trató de aplicar el sentido del humor y pedir ayuda a los vecinos para cuidarlos.DIARIO MEDICO
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MUCHÍSIMAS GRACIAS ALBERTO Y ESPERAMOS QUE PUEDA RESULTAROS INTERESANTE, ( A MÍ, PERSONALMENTE, ME LO PARECIÓ Y MUCHO).;"-DDD
-Atentamente:
Alberto, Juanma y Reyes
PAUL SALKOVSKIS · EXPERTO EN HIPOCONDRIASIS Y EN ANSIEDAD"No piense en un oso blanco"IMA SANCHÍS - 25/08/2007 La Vanguardia
Tengo 51 años. Nací en el norte de Inglaterra y vivo en Kent. Estoy casado y tengo dos hijos. Trabajo en el Instituto de Psiquiatría de Londres. Soy socialista y me preocupa el servicio de salud nacional, mal resuelto. Soy ateo. He venido a dar una charla al V Congreso Mundial de Terapias Cognitivas y Conductuales de Barcelona TIENE CURA.
Es un médico campechano y extrovertido, colabora con Channel 4, en un programa de divulgación e información sobre trastornos psicológicos y su tratamiento. En los últimos veinte años se ha dedicado al trastorno obsesivo compulsivo (¿recuerdan a Jack Nicholson en ´Mejor imposible´?), que hasta hace poco estaba considerado una rara enfermedad psiquiátrica que no respondía al tratamiento. Hoy es reconocido como un problema común que afecta a un 2-3% de la población, es más frecuente que la esquizofrenia o la anorexia. El problema es que esos pacientes tardan en ir al médico unos siete años. En cuanto a los hipocondriacos, otra de sus especialidades, nos previene de la gravedad de algunos casos, pero asegura que tienen cura.
ENTREVISTA.
- ¿Los hipocondriacos son enfermos imaginarios?- Ellos prefieren que les llamen personas que sufren ansiedad por la salud precisamente porque no es una enfermedad imaginaria.
- ¿Y por qué a uno le da por preocuparse por su salud hasta enfermar?- Normalmente debido a historiales familiares de enfermedad. Estos pacientes van de médico en médico hasta asegurarse de que están perfectamente.- Nadie está perfectamente a partir de cierta edad.- Por eso siguen preocupándose y buscando la confirmación de que están sanos. Al centrarse cada vez más en su organismo desarrollan síntomas.
- ¿Qué tipo de síntomas?- Si, por ejemplo, imaginan que tienen cáncer de garganta y se tocan continuamente, se acaba inflamando algún ganglio, es decir, teniendo problemas por su conducta. A la vez todo eso provoca un cambio en el estado de ánimo que desemboca en depresión o ansiedad.- Parece miedo a la muerte.- Si fuera eso, no se suicidarían, y es una enfermedad asociada a altos índices de suicidio. Se imaginan a sí mismos dependientes de la familia, perdiendo la dignidad, con mucho dolor, deteriorados.
- ¿A qué tipo de enfermedad temen?- Eso va variando, antes temían más al cáncer y ahora tenemos más pacientes con miedo a padecer sida, enfermedades neurológicas o la enfermedad de las vacas locas.
- ¿Qué hay detrás de esa percepción?- Creencias; por ejemplo, creer que si te pones enfermo tu familia te abandonará
.- ¿Hay rasgos de personalidad que se repitan en estos enfermos?- El perfeccionismo y la dificultad de tolerar la incertidumbre.
- ¿Cómo los cura?- Desde hace diez años con terapia cognitiva conductual, doce sesiones en las que se tratan las creencias del paciente y los comportamientos que agravan el problema.
- ¿Ha visto Mejor imposible de Jack Nicholson?- Sí, es la historia, muy bien contada, de un hombre con trastorno obsesivo compulsivo; ya sabe: lavarse las manos continuamente, comprobar mil veces que la puerta esté bien cerrada, pensamientos de violencia y agresión contra otras personas…
-... pero que no se llevan a término.- No. Las obsesiones son pensamientos intrusivos que todos tenemos, el problema viene cuando te los tomas en serio.
- Eso es muy filosófico.- El pensamiento se convierte en obsesivo y desencadena la convulsión cuando intentas no pensar en ello. Si yo le digo: "No piense en un oso blanco", no puede hacerlo.
- Todos tenemos pensamientos intrusivos, ¿cómo los podemos combatir?- No hay que combatirlos, sino todo lo contrario, dejar que estén ahí y centrarse en otras prioridades. En realidad son pensamientos muy valiosos, que nos hacen creativos. Fíjese cómo se queda la gente cuando le hacen una lobotomía.
- Pero los pensamientos intrusivos son bastante estúpidos.- En situaciones en que uno es vulnerable le hacen sentir fatal y dejan de ser estúpidos.
- Por eso son estúpidos, porque te hacen sentir mal sin sentido.- A menudo los pensamientos intrusivos son lo contrario que uno piensa normalmente, para una madre amante de sus hijos sería matar a su hijo, para una persona muy religiosa serían pensamientos blasfemos. El problema es que los enfermos creen que sus pensamientos pueden llegar a dominarlos.
- ¿Alguien se libra de la ansiedad?- Los psicópatas no la padecen, no temen las consecuencias de sus actos. Es el otro extremo del trastorno obsesivo compulsivo.
- La ansiedad en un sistema de defensa.- Sí, y hay gente que tiene un grado de ansiedad tan bajo que se pueden matar accidentalmente. Pero está claro que la ansiedad extrema es una enfermedad moderna.
- ¿Por qué sufrimos tanta ansiedad?- Porque hoy tenemos mucho que perder.
- ¿La reflexión sería una manera de combatir la ansiedad?- La reflexión es necesaria, pero a mucha gente le produciría más ansiedad.
- ¿Mejor mirar a lo lejos?- Buena propuesta, mantener los ojos en el horizonte, porque eso te indica adónde estás yendo. También es bueno meditar, pero meditar requiere estar en el momento presente. Quizá lo que habría que hacer es una combinación de los dos.
- ¿Qué paciente le ha sorprendido más?- Una mujer de 72 años con trastorno obsesivo compulsivo desde los 14, que en un tratamiento de cinco horas estaba curada.
- ¿Qué le dijo para ser tan convincente?- Su pensamiento obsesivo era que iba a hacer daño a los demás y el tratamiento consistió en mostrarle que no era cierto. Justamente la confronté a aquellas situaciones que ella evitaba, como hacer pasteles de chocolate porque pensaba que no podría evitar poner cristales dentro.
- ¿Y el pastel se lo comió usted?- Sí, el mejor pastel de chocolate que jamás he probado.
- ¿Qué es lo que más le sorprende de la mente humana?- La capacidad de la gente de ignorar los problemas y no buscar ayuda. Y que esas personas que ves tan amables y gentiles también están llenas de ansiedades, las experiencias difíciles pueden afectarnos muy negativamente a cualquier edad, somos muy frágiles.
La terapia cognitivo-conductual se convierte en un tratamiento a la carta. La aplicación de la terapia cognitivo-conductual sigue la tendencia de muchos tratamientos médicos actuales, ya que en los últimos años han surgido nuevos desarrollos que permiten hacer psicoterapia a la medida de cada paciente, ha explicado Xavier Pellicer, presidente de un congreso internacional celebrado en Barcelona sobre esta terapia.Patricia Morén Barcelona 16/07/2007La aparición de nuevos desarrollos de la terapia cognitivo-conductual en los últimos años ha permitido aplicar esta terapia cada vez más a la medida de cada paciente, como ocurre con otros tratamientos médicos, según Xavier Pellicer, presidente del comité organizador local del V Congreso Mundial de Terapia Cognitivo Conductual, organizado por la Sociedad Catalana de Investigación y Terapia del Comportamiento (Scritc) y la European Association for Behavioural and Cognitive Therapies (Eabct).El encuentro ha reunido a 3.500 expertos en terapia cognitivo conductual, tanto psiquiatras como psicólogos, de 70 países.La terapia cognitivo conductual funciona en un alto porcentaje de casos. Así, en el manejo de los trastornos depresivos (cuando la depresión no es endógena), se logran tasas de éxito -entendido éste como la curación del paciente o la consecución de una mejora notable- de entre el 60 y el 80 por ciento; e incluso se ha visto que es más eficaz que la administración de fármacos antidepresivos.En los últimos años han aparecido nuevos desarrollos de la terapia cognitivo-conductual, como la de esquemas o la de aceptación y compromiso. La terapia de esquemas consiste en trabajar con los esquemas mentales y sistemas de creencias del individuo para mejorar su impulsividad e inestabilidad emocional, su tolerancia a la frustración -que es baja- y evitar los cambios de humor rápidos. Se aplica a pacientes con trastorno límite de la personalidad, aunque se intenta extender a otros trastornos.Otro ejemplo es la terapia de aceptación y compromiso, que se aplica a distintos trastornos de ansiedad, depresión y de la personalidad, y que consiste en trabajar con el paciente para que acepte los síntomas de su malestar en lugar de intentar combatirlos.En general, Pellicer explica que la terapia cognitivo- conductual en realidad constituye un conjunto de técnicas validadas empíricamente a través de estudios controlados. En la práctica clínica la posibilidad de ir combinando distintas técnicas cognitivas con otras conductuales permite aplicar terapias cada vez más ajustadas al perfil de cada paciente, al trastorno que sufre y a los factores causales.Pero en las investigaciones todos los terapeutas aplican el mismo protocolo (realizan exactamente las mismas sesiones con los mismos ejercicios), ya que tradicionalmente uno de los puntos débiles que se han atribuido a los estudios de terapia cognitivo-conductual es que sus resultados pueden variar en función del terapeuta que la aplique. Por eso un protocolo permite hacer psicoterapia de las mismas características y comparar los resultados.Pellicer también ha destacado que la terapia cognitivo-conductual ayuda a cambiar la conducta en pacientes con obesidad, diabetes, adictos a tóxicos o con otros problemas físicos.Muchos de estos pacientes no pueden seguir una dieta, un tratamiento o abstenerse de tomar sustancias tóxicas sencillamente por un problema de comportamiento. Otros pacientes, que se tratan con quimioterapia, si sufren angustia y malestar, lo abandonan.Si se tienen en cuenta todas las variables (no tomar la dosis prescrita por el médico, tomar menos o dejar la medicación antes de tiempo), el incumplimiento terapéutico se sitúa entre el 50 y el 80 por ciento de casos. De ahí que "combinar el tratamiento médico con la terapia cognitivo conductual pueda mejorar la calidad de vida del paciente y el cumplimiento", según Pellicer.
Potenciar aspectos positivos funciona en pocas sesiones.
La psicología positiva, que consiste en buscar las cualidades positivas que mantiene un individuo, a pesar de las adversidades que esté sufriendo en una etapa vital o del trastorno que padezca, funciona en un amplio número de sujetos y suele ser relativamente rápida, según Christine Padesky, directora del Centro de Terapia Cognitiva, de Hungtinton Beach (California), y conferenciante de una de las principales sesiones del congreso.Patricia Morén Barcelona 16/07/2007 Se trata de destacar las cualidades positivas en la vida de una persona con problemas. "Siempre hay algún aspecto bueno: para algunos puede ser relaciones de amistad y para otros tener un animal de compañía, tocar un instrumento musical o practicar un deporte", ha dicho Padesky.En todas esas facetas el individuo muestra su resistencia (resilience) al enfrentarse a obstáculos -un deporte, por ejemplo, exige entrenar y tiene riesgo de caídas y lesiones- y aplica estrategias para superarlos. Así, Padesky ha recordado a una paciente con depresión que dirigía su ira hacia sus hijos, pero a la que le gustaba hacer crucigramas. Cuando le resultaba difícil rellenarlos, aplicaba el sentido del humor y se decía a sí misma que ya los resolvería, pedía ayuda a conocidos o lo dejaba para más tarde. Tras elaborar una lista de estrategias, la terapeuta le instó a utilizarlas con sus hijos, de modo que trató de aplicar el sentido del humor y pedir ayuda a los vecinos para cuidarlos.DIARIO MEDICO
Lara, preciosa, TE RUEGO DISCULPAS pues no había leído hasta hoy los dos comentarios que nos habías dejado en relación a una entrada posteada el pasado mes de Diciembre en nuestro Blog: LO SIENTO MUCHÍSIMO LARA. (De todo corazón y muy sinceramente).
Tranquila cariño, esta es mi dirección de e-mail: taira_135@hotmail.com, (es la del msn).
POR FAVOR LARA, CONTACTA CONMIGO EN CUANTO LEAS MI RESPUESTA A TU COMENTARIO, (TE LO RUEGO).
-¡UN ABRAZO INMENSO!!!!:
Reyes Corbató.
PD: SIENTO ENORMEMENTE QUE HAYA SUCEDIDO ÉSTO. Lo publico como entrada para poder hacerte llegar mi respuesta más rápidamente.
SIGUE LEYENDO
Tranquila cariño, esta es mi dirección de e-mail: taira_135@hotmail.com, (es la del msn).
POR FAVOR LARA, CONTACTA CONMIGO EN CUANTO LEAS MI RESPUESTA A TU COMENTARIO, (TE LO RUEGO).
-¡UN ABRAZO INMENSO!!!!:
Reyes Corbató.
PD: SIENTO ENORMEMENTE QUE HAYA SUCEDIDO ÉSTO. Lo publico como entrada para poder hacerte llegar mi respuesta más rápidamente.

¡Hola a todos nuevamente!
Disculpad mi retraso, por favor. Lamento de veras haber tardado tanto tiempo en publicar una nueva entrada: ¡ojala podáis perdonarme!
Anoche estuve pensando en un buen consejo, en una recomendación verdaderamente convincente y eficaz que pudiera ayudaros a vencer la tentación de realizar el ritual o compulsión que la neurosis obsesiva os incita a ejecutar cada vez que tenéis un pensamiento intrusivo.
No es tarea fácil y aunque soy consciente de que finalmente, no conseguí pensar en algo “bueno” de verdad, quería compartir con vosotros aquello que se me pasó por la mente y que considero que tal vez, podría seros de ayuda.
Se trata de anteponer la mente al corazón: Intentar ser más racionales y menos frágiles frente al pensamiento obsesivo.
La obsesión aparecerá y será TERRIBLE, del tipo: “te puedes contagiar por el virus del sida”, “va a suceder una desgracia”, “eres gay o lesbiana”; “no quieres a tu pareja actual y deseas dejarla o incluso salir con otras personas”.Tal vez resultará aún más traumática y horrible, ( si cabe), y os hará pensar que deseáis la muerte de alguien, que podríais vosotros mismos acabar con la vida de una persona y otro tipo de INSOPORTABLES torturas mentales.
Nuevamente, no está de más deciros que VOSOTROS NO PENSÁIS, NO CREÉIS Y NO SENTÍS VERDADERAMENTE ESTAS IDEAS: “SÓLO” SON OBSESIONES QUE OS PRODUCE UNA AFECCIÓN QUE SUFRÍS. SON PENSAMIENTOS IREALES QUE NUNCA SE CUMPLIRÁN PORQUE SON TOTALMENTE FALSOS.
El obsesivo compulsivo ni se va a contagiar por una enfermedad, ni va a sufrir una desgracia; tampoco va a convertirse en gay ni en lesbiana. No va a dejar a su pareja por otra persona y POR SUPUESTO, JAMÁS LE HARÍA DAÑO A NADIE NI DESEARÍA QUE SUCEDIRA NADA MALO. (Precisamente porque le afecta tanto el sufrimiento físico, su Toc o neurosis obsesiva, le envía pensamientos relacionados con este tema y los lleva al extremo más exagerado que en este caso, sería poder llegar a producirlo él mismo: así es esta enfermedad y así es como funciona en todas las obsesiones).
¿Qué hacer cuando aparezca la obsesión? Utilizar la mente, nuestro sentido común y obedecer las indicaciones de los profesionales médicos. ES DECIR: NO HACERLE CASO A LA OBSESIÓN, PASAR DE ELLA AGUANTANDO LA ANSIEDAD Y NO REALIZAR EL RITUAL O LA COMPULSIÓN.
No os lavéis las manos, ni contéis hasta 100; no meditéis acerca de si verdaderamente habéis pensado o sentido ésto o aquello y mucho menos os juzguéis.
Si conseguís hacerlo una vez, luego lo podréis hacer más veces. Así, poco a poco, iréis controlando las obsesiones. Cuando aparezcan nuevamente, no os afectarán tanto y las iréis reduciendo. Sin obsesiones no habrá compulsiones o rituales.
Cuando se intente apoderar de vosotros el miedo, que lo haga la mente. Aceptar que tenéis una enfermedad, que lo que se os acaba de ocurrir es producto de la misma y que VOSOTROS PENSÁIS Y SENTÍS TODO LO CONTRARIO. SÓIS INDEPENDIENTES DEL TOC. INTENTAD DEJARLO A UN LADO, APARTADLO E IGNORADLO.
EVITAD LA COMPULSIÓN O RITUAL Y AGUANTAD LA ANSIEDAD CON LA SERENIDAD DE VUESTRO SENTIDO COMÚN Y DE VUESTRA INTELIGENCIA.
A diferencia de otras enfermedades psicológicas y/o psiquiátricas, la obsesión y la persona NUNCA LLEGAN A SER UNA MISMA COSA. Los pensamientos y los sentimientos verdaderos del paciente con Toc y sus obsesiones, NO SE CORRESPONDEN NI SE COMPENETRAN. AL CONTRARIO, SON OPUESTOS. De ahí que un "toquiano" nunca pueda llegar a ser violento con nadie más que consigo mismo.
La persona no pierde el contacto con la realidad y suele ser muy inteligente, sensible y buena.
-Esperando poder haberos ayudado un poquito y con TODO MI AFECTO Y MI CARIÑO:
Reyes Corbató.;´-)))
Disculpad mi retraso, por favor. Lamento de veras haber tardado tanto tiempo en publicar una nueva entrada: ¡ojala podáis perdonarme!
Anoche estuve pensando en un buen consejo, en una recomendación verdaderamente convincente y eficaz que pudiera ayudaros a vencer la tentación de realizar el ritual o compulsión que la neurosis obsesiva os incita a ejecutar cada vez que tenéis un pensamiento intrusivo.
No es tarea fácil y aunque soy consciente de que finalmente, no conseguí pensar en algo “bueno” de verdad, quería compartir con vosotros aquello que se me pasó por la mente y que considero que tal vez, podría seros de ayuda.
Se trata de anteponer la mente al corazón: Intentar ser más racionales y menos frágiles frente al pensamiento obsesivo.
La obsesión aparecerá y será TERRIBLE, del tipo: “te puedes contagiar por el virus del sida”, “va a suceder una desgracia”, “eres gay o lesbiana”; “no quieres a tu pareja actual y deseas dejarla o incluso salir con otras personas”.Tal vez resultará aún más traumática y horrible, ( si cabe), y os hará pensar que deseáis la muerte de alguien, que podríais vosotros mismos acabar con la vida de una persona y otro tipo de INSOPORTABLES torturas mentales.
Nuevamente, no está de más deciros que VOSOTROS NO PENSÁIS, NO CREÉIS Y NO SENTÍS VERDADERAMENTE ESTAS IDEAS: “SÓLO” SON OBSESIONES QUE OS PRODUCE UNA AFECCIÓN QUE SUFRÍS. SON PENSAMIENTOS IREALES QUE NUNCA SE CUMPLIRÁN PORQUE SON TOTALMENTE FALSOS.
El obsesivo compulsivo ni se va a contagiar por una enfermedad, ni va a sufrir una desgracia; tampoco va a convertirse en gay ni en lesbiana. No va a dejar a su pareja por otra persona y POR SUPUESTO, JAMÁS LE HARÍA DAÑO A NADIE NI DESEARÍA QUE SUCEDIRA NADA MALO. (Precisamente porque le afecta tanto el sufrimiento físico, su Toc o neurosis obsesiva, le envía pensamientos relacionados con este tema y los lleva al extremo más exagerado que en este caso, sería poder llegar a producirlo él mismo: así es esta enfermedad y así es como funciona en todas las obsesiones).
¿Qué hacer cuando aparezca la obsesión? Utilizar la mente, nuestro sentido común y obedecer las indicaciones de los profesionales médicos. ES DECIR: NO HACERLE CASO A LA OBSESIÓN, PASAR DE ELLA AGUANTANDO LA ANSIEDAD Y NO REALIZAR EL RITUAL O LA COMPULSIÓN.
No os lavéis las manos, ni contéis hasta 100; no meditéis acerca de si verdaderamente habéis pensado o sentido ésto o aquello y mucho menos os juzguéis.
Si conseguís hacerlo una vez, luego lo podréis hacer más veces. Así, poco a poco, iréis controlando las obsesiones. Cuando aparezcan nuevamente, no os afectarán tanto y las iréis reduciendo. Sin obsesiones no habrá compulsiones o rituales.
Cuando se intente apoderar de vosotros el miedo, que lo haga la mente. Aceptar que tenéis una enfermedad, que lo que se os acaba de ocurrir es producto de la misma y que VOSOTROS PENSÁIS Y SENTÍS TODO LO CONTRARIO. SÓIS INDEPENDIENTES DEL TOC. INTENTAD DEJARLO A UN LADO, APARTADLO E IGNORADLO.
EVITAD LA COMPULSIÓN O RITUAL Y AGUANTAD LA ANSIEDAD CON LA SERENIDAD DE VUESTRO SENTIDO COMÚN Y DE VUESTRA INTELIGENCIA.
A diferencia de otras enfermedades psicológicas y/o psiquiátricas, la obsesión y la persona NUNCA LLEGAN A SER UNA MISMA COSA. Los pensamientos y los sentimientos verdaderos del paciente con Toc y sus obsesiones, NO SE CORRESPONDEN NI SE COMPENETRAN. AL CONTRARIO, SON OPUESTOS. De ahí que un "toquiano" nunca pueda llegar a ser violento con nadie más que consigo mismo.
La persona no pierde el contacto con la realidad y suele ser muy inteligente, sensible y buena.
-Esperando poder haberos ayudado un poquito y con TODO MI AFECTO Y MI CARIÑO:
Reyes Corbató.;´-)))
Saludos cordiales:
Os ruego disculpas por responder con este e-mail común a todas las personas que me habéis escrito recientemente.
Estuve sin Internet los últimos dos meses hasta que a finales de mayo principios de junio, cuando ya recuperé este servicio, tuve que marchar al domicilio de verano donde, de nuevo, no tengo conexión a Internet.
Sólo puedo responderos cuando vengo al piso. Siempre intento contestaros de forma personalizada, (pues como digo siempre, cada caso, al igual que cada persona, es único, especial y de características concretas). Sin embargo, hoy llego a todos vosotros con este e-mail que denomino común, con la esperanza de poder ofreceros una ayuda más rápida ya que vuestras consultas son una demanda que no puede hacerse esperar.
Todos los casos de Toc se presentan con obsesiones y la mayoría de ellos, también con compulsiones. Tanto las obsesiones como las compulsiones, varían de una persona a otra pero todos ellos, pensamientos intrusivos y rituales, tienen un denominador común: producen mucha ansiedad y un malestar muy fuerte que en el peor de los casos, se convierte en depresión.
No obstante, las obsesiones comparten algo más que sus consecuencias y es su identidad: ninguna de ellas es verdadera si no que todas son falsas e irreales.
Los pacientes con Toc no piensan ni sienten verdaderamente estas ideas negativas que se repiten en su mente a modo de tortura psicológica, si no que es la enfermedad, el Trastorno Obsesivo- Compulsivo, el que las origina ajeno a nuestra voluntad. (Por este motivo, es TAN IMPORTANTE recordar siempre que ninguna obsesión es pensada o sentida realmente por el paciente. La persona y la enfermedad son dos cosas distintas y tenemos que poder hacerlas independientes la una de la otra para conseguir mejorar de esta enfermedad).
Desde el Blog siempre hacemos especial hincapié en la importancia de encontrar la medicación más adecuada para cada caso y de realizar, simultáneamente, una terapia cognitivo- conductual efectiva ya que la combinación de ambas constituye lo que en la actualidad se considera como el tratamiento de elección para tratar un Toc efectivamente.
Por favor, ¿ podríais comentarme mediante un e-mail, si estáis recibiendo ayuda psiquiátrica y/o psicológica y cuál en concreto? Si pudierais responderme a esta cuestión, intentaría ayudaros de la mejor manera que me fuera posible.
Desde aquí y con este e-mail, os mando a todos muchísima fuerza y os envío mis mejores deseos para que podáis enfrentaros a este trastorno con decisión, coraje y mucha confianza en vosotros mismos, en vuestras posibilidades y en los múltiples y eficaces profesionales médicos y avances en general que se producen en relación a esta afección. Todas las personas con toc pueden mejorar respecto a su situación actual: siempre se tiene que avanzar hacia delante poniendo toda nuestra voluntad en ello pues la vida sigue y debemos intentar disfrutar de ella.;-)))
-Atentamente:
Reyes Corbató.
Os ruego disculpas por responder con este e-mail común a todas las personas que me habéis escrito recientemente.
Estuve sin Internet los últimos dos meses hasta que a finales de mayo principios de junio, cuando ya recuperé este servicio, tuve que marchar al domicilio de verano donde, de nuevo, no tengo conexión a Internet.
Sólo puedo responderos cuando vengo al piso. Siempre intento contestaros de forma personalizada, (pues como digo siempre, cada caso, al igual que cada persona, es único, especial y de características concretas). Sin embargo, hoy llego a todos vosotros con este e-mail que denomino común, con la esperanza de poder ofreceros una ayuda más rápida ya que vuestras consultas son una demanda que no puede hacerse esperar.
Todos los casos de Toc se presentan con obsesiones y la mayoría de ellos, también con compulsiones. Tanto las obsesiones como las compulsiones, varían de una persona a otra pero todos ellos, pensamientos intrusivos y rituales, tienen un denominador común: producen mucha ansiedad y un malestar muy fuerte que en el peor de los casos, se convierte en depresión.
No obstante, las obsesiones comparten algo más que sus consecuencias y es su identidad: ninguna de ellas es verdadera si no que todas son falsas e irreales.
Los pacientes con Toc no piensan ni sienten verdaderamente estas ideas negativas que se repiten en su mente a modo de tortura psicológica, si no que es la enfermedad, el Trastorno Obsesivo- Compulsivo, el que las origina ajeno a nuestra voluntad. (Por este motivo, es TAN IMPORTANTE recordar siempre que ninguna obsesión es pensada o sentida realmente por el paciente. La persona y la enfermedad son dos cosas distintas y tenemos que poder hacerlas independientes la una de la otra para conseguir mejorar de esta enfermedad).
Desde el Blog siempre hacemos especial hincapié en la importancia de encontrar la medicación más adecuada para cada caso y de realizar, simultáneamente, una terapia cognitivo- conductual efectiva ya que la combinación de ambas constituye lo que en la actualidad se considera como el tratamiento de elección para tratar un Toc efectivamente.
Por favor, ¿ podríais comentarme mediante un e-mail, si estáis recibiendo ayuda psiquiátrica y/o psicológica y cuál en concreto? Si pudierais responderme a esta cuestión, intentaría ayudaros de la mejor manera que me fuera posible.
Desde aquí y con este e-mail, os mando a todos muchísima fuerza y os envío mis mejores deseos para que podáis enfrentaros a este trastorno con decisión, coraje y mucha confianza en vosotros mismos, en vuestras posibilidades y en los múltiples y eficaces profesionales médicos y avances en general que se producen en relación a esta afección. Todas las personas con toc pueden mejorar respecto a su situación actual: siempre se tiene que avanzar hacia delante poniendo toda nuestra voluntad en ello pues la vida sigue y debemos intentar disfrutar de ella.;-)))
-Atentamente:
Reyes Corbató.
Sois muchos los que me escribís para hacerme consultas o hablar simplemente. Yo quiero atenderos a todos porque todos me importais y muchísimo. Sin embargo, me temo que no puedo, ( quisiera pero no llego).
Responder a e-mails me resulta sencillo y realmente tengo tiempo para leerlos y contestarlos todos, ( por este motivo os rogaría que no dejeis de enviármelos, os atenderé encantada).
El problema lo tengo sólo con el programa "messenger": no puedo hablar con todos los que me agregais como yo desearía hacerlo. No puedo atenderos pues, como merecéis.
Por ello, he decidido escribir en esta entrada, lo más importante a tener en cuenta para todos los que que buscais en mí una pequeña ayuda.
1º) Si quereis saber cómo fue mi Trastorno Obsesivo Compulsivo, leed, por favor, la entrada titulada: "Aquí os dejo, de nuevo, mi relato. Así es como yo viví el T.O.C y lo superé casi definitivamente"
2º) Consultad, seguidamente, la entrada que explica cuál es el tratamiento del T.O.C en la actulidad, ( según los especialistas médicos): "Tratamiento del Trastorno Obsesivo Compulsivo".
3º) Visitad, a continuación: "Como es mi vida actualmente".
4º) Por último, ( y ésta es la entrada más importante, la que más puede ayudaros), leed la titulada: " El Centro médico EuroEspes".
(Es el nombre de la clínica donde yo fui tratada y curada, prácticamente, de forma definitiva, del T.O.C. Os dejo su dirección, el número de teléfono y la dirección de la página web que tienen en funcionamiento desde hace años).
Estos cuatro puntos son los más importantes que doy a conocer y explico a todas las personas que me escriben por correo electrónico o agregan mi dirección al messenger.
Espero que os sean de mucha ayuda.
-Deseándoos siempre lo mejor y también pidiéndoos que lucheis y no os deis por vencidos jamás:
Reyes.
(Por favor, sabed que podeis continuar enviándome e-mails, los responderé todos encantada. Y me mantendré en contacto con vosotros, no lo dudeis. Estamos para ayudarnos los unos a los otros;-) ¡ UN FORTÍSIMO ABRAZO! )
SIGUE LEYENDO
Responder a e-mails me resulta sencillo y realmente tengo tiempo para leerlos y contestarlos todos, ( por este motivo os rogaría que no dejeis de enviármelos, os atenderé encantada).
El problema lo tengo sólo con el programa "messenger": no puedo hablar con todos los que me agregais como yo desearía hacerlo. No puedo atenderos pues, como merecéis.
Por ello, he decidido escribir en esta entrada, lo más importante a tener en cuenta para todos los que que buscais en mí una pequeña ayuda.
1º) Si quereis saber cómo fue mi Trastorno Obsesivo Compulsivo, leed, por favor, la entrada titulada: "Aquí os dejo, de nuevo, mi relato. Así es como yo viví el T.O.C y lo superé casi definitivamente"
2º) Consultad, seguidamente, la entrada que explica cuál es el tratamiento del T.O.C en la actulidad, ( según los especialistas médicos): "Tratamiento del Trastorno Obsesivo Compulsivo".
3º) Visitad, a continuación: "Como es mi vida actualmente".
4º) Por último, ( y ésta es la entrada más importante, la que más puede ayudaros), leed la titulada: " El Centro médico EuroEspes".
(Es el nombre de la clínica donde yo fui tratada y curada, prácticamente, de forma definitiva, del T.O.C. Os dejo su dirección, el número de teléfono y la dirección de la página web que tienen en funcionamiento desde hace años).
Estos cuatro puntos son los más importantes que doy a conocer y explico a todas las personas que me escriben por correo electrónico o agregan mi dirección al messenger.
Espero que os sean de mucha ayuda.
-Deseándoos siempre lo mejor y también pidiéndoos que lucheis y no os deis por vencidos jamás:
Reyes.
(Por favor, sabed que podeis continuar enviándome e-mails, los responderé todos encantada. Y me mantendré en contacto con vosotros, no lo dudeis. Estamos para ayudarnos los unos a los otros;-) ¡ UN FORTÍSIMO ABRAZO! )
Aquí os dejo la dirección de la página web de la clínica donde me curaron a mí del Trastorno Obsesivo Compulsivo, ( de forma, prácticamente, definitiva).
Por favor, no dejeis de visitarla, está considerada como una de las mejores clínicas neuropsiquiátricas de Europa si no la mejor. A mí, personalmente, me salvaron la vida pues tenía diagnosticado un T.O.C muy acusado y grave que estaba acabando con mi salud psicológica y también física.
La dirección es: http://www.euroespes.com/
Si necesitarais hacerme cualquier tipo de consulta referente a EuroEspes, podeis escribirme a mi dirección de e-mail: taira_135@hotmail.com
-Atentamente:
Reyes.
SIGUE LEYENDO
Por favor, no dejeis de visitarla, está considerada como una de las mejores clínicas neuropsiquiátricas de Europa si no la mejor. A mí, personalmente, me salvaron la vida pues tenía diagnosticado un T.O.C muy acusado y grave que estaba acabando con mi salud psicológica y también física.
La dirección es: http://www.euroespes.com/
Si necesitarais hacerme cualquier tipo de consulta referente a EuroEspes, podeis escribirme a mi dirección de e-mail: taira_135@hotmail.com
-Atentamente:
Reyes.

UNA LLAMADA A LA ESPERANZA
Fue aproximadamente a la edad de los ocho años cuando comencé a desarrollar el Trastorno Obsesivo Compulsivo.
Estudiaba en un colegio católico y la Religión se convirtió en un asunto perturbador para mí desde muy pequeña.
(Recuerdo que rezaba al levantarme por las mañanas, también antes de cada comida, bendiciendo los alimentos, y al acostarme).
Sin embargo, mi infancia transcurrió, creo, como la de la mayoría de niños de mi misma edad hasta que irremediablemente aconteció en mi vida el primer suceso trágico: la muerte de un ser muy querido.
A partir de entonces todo cambió. (No comprendía qué había pasado exactamente ni tampoco sabía dónde se encontraba ahora aquella persona amada).
La conciencia de la muerte se convirtió en una verdadera obsesión para mí. Tenía entonces diez años. Y aquí empezó mi pesadilla, el impulso de mi enfermedad psicológica: el Síndrome Obsesivo Compulsivo.
( Se trata de un trastorno de ansiedad que se caracteriza por generar en la persona que lo padece, una serie de pensamientos, sentimientos, sensaciones e ideas,
( esto son, las obsesiones), que le impulsan a hacer algo o a seguir un tipo de comportamiento concreto, ( esto son, en términos médicos, las compulsiones) para reducir la angustia que le producen las citadas obsesiones).
.
(Se puede manifestar de formas muy distintas en cada persona que lo padece, sin embargo, el mecanismo de éste es siempre el mismo.
El enfermo siente una vulnerabilidad o debilidad exageradas frente a uno o, en ocasiones, varios aspectos en concreto que, poco a poco, va transformando en el objeto u objetos de su obsesión.
El obsesivo compulsivo se obceca en ellos, convirtiéndolos en pensamientos e ideas que va introduciendo de forma involuntaria y repetitiva en su mente.
Estos pensamientos e ideas son, en todos los casos, muy molestos y recurrentes en la persona que padece este complejo trastorno psicológico. Habitualmente, producen un fuerte estado de ansiedad e incluso pueden degenerar en agudas depresiones).
La Religión en general, las dudas y preguntas que se me planteaban en torno a la muerte, el conocimiento de nuevos y, hasta el momento, ignorados problemas que afectaban al mundo y a las personas que vivíamos en él fueron, básicamente, mis particulares objetos de obsesión.
Pasó el tiempo y entré en la adolescencia. Aparentemente, era una joven normal y corriente, con una vida que discurría como la del resto de mis compañeros. Sin embargo, para mi desconcierto, no era así.
Recuerdo que llegaba a casa después del colegio, cogía mis libros y los llevaba a la habitación de estudio. Antes de hacer los deberes, cuando estaba todo dispuesto, corría a mi dormitorio, cerraba la puerta y comenzaba a rezar...
Sabía que lo que hacía no era normal pero todas las tardes sentía esa necesidad de ir a rezar a mi cuarto para que no sucedieran cosas malas, para intentar evitarlas...Era como una obligación que me pertenecía y si algún día no cumplía con ella, me sentía fatal.
De esta manera, los estudios ocupaban un lugar secundario para mí. Realizaba mis deberes, sólo cuando estaba completamente segura de haber acabado mis oraciones y esto, solía ser siempre muy tarde.
Este era mi mayor problema, sin embargo, tenía alguno más. Por ejemplo, esa obsesión por lavarme las manos en todo momento. Nunca creía estar completamente limpia, notaba suciedad y sentía un enorme alivio cuando, al fin, podía enjabonarlas.
De este modo fui creciendo hasta alcanzar los trece años. Era el último curso en el colegio y, como era costumbre, se organizó una excursión para celebrarlo: viajaríamos a Barcelona.
Era estupendo y me hacía muchísima ilusión. No había nada malo en ello...
(Sin embargo, mi mente, que había comenzado a enfermar hacía ya algún tiempo, asoció la feliz idea de realizar un viaje con la desagradable posibilidad de que se produjera un acontecimiento trágico en el caso de materializar aquella ilusión: si viajaba a Barcelona, a mi madre le sucedería algo malo).
Ya no podía permanecer más en silencio. El secreto celosamente guardado de mi actitud en la intimidad, tenía que descubrirse pues se me planteaba un problema para el que sabía que no conseguiría encontrar solución en mi soledad.
Desafiando a los por mí considerados, permisibles rechazos y burlas de quienes me rodeaban, decidí salir de mi retraimiento y contarle a mi familia y amigos más cercanos, mi temor hacia una posible desgracia acechando a mi madre en el caso de realizar el ansiado viaje de final de curso. En contra de lo esperado, todas las personas a quienes confesé mi escondida angustia, se mostraron receptivas y comprensivas hacia mí, mis miedos y mis dudas. Me convencieron para ir a Barcelona, haciéndome ver que todos aquellos pensamientos e ideas que me atormentaban, carecían de lógica y no tenían fundamento posible al que atenerse.
Ya con la conciencia tranquila realicé, finalmente, el viaje a la ciudad condal.
Pero tras la experiencia de la excursión de final de curso, comenzaron a aparecer nuevos temores, pensamientos e ideas ilógicos así como complejas paranoias. Mi mente, obsesionada con la Religión y con los acontecimientos trágicos de que tenía conciencia, empezó a establecer una relación directa entre mis actuaciones y una consecuencia negativa derivada de éstas: hacer una cosa en concreto u otra, desencadenaba una determinada y precisa tragedia.
Confusas asociaciones entre acciones y efectos, empezaron a angustiarme e incrédula, luchaba sin éxito, por entender una situación que difería mucho de la realidad que me rodeaba.
Actividades tan cotidianas como elegir la ropa para vestirme cada día, hacer los deberes, encender la televisión y fijar una programación; arreglar la habitación o prepararme la mochila del colegio, por ejemplo, suponían dificultosos retos para mí pues imaginaba un resultado perjudicial deviniendo de la realización de los mismos.
Asustada por vivir, por dar un paso adelante, me limitaba a existir en un mundo donde comenzaban a residir únicamente, el temor y la amargura.
A caballo entre un universo fantástico y la realidad establecida, y cercada por una enfermedad que restringía no sólo mis voluntades sino también algunas de las actividades humanas más básicas, fueron sucediéndose los años.
Ya no gesticulaba una sonrisa, había perdido la capacidad física para hacerlo y sólo lloraba, lloraba desconsolada por las terribles ideas y peores pensamientos que invadían mi mente enferma.
El Trastorno Obsesivo Compulsivo se había apoderado de mí y dejé de ser dueña de mi propia conciencia.
Aquella alegría que había caracterizado mi personalidad en tiempos franqueados, había quedado en el olvido para dar paso a una profunda tristeza que asediaría mi hálito por completo.
Ideas, pensamientos y, lo que yo creía que eran sentimientos, negativos, ( contrarios a los míos verdaderos), comenzaron a dominar mi mente.
No me pertenecían y eran consecuencia de la enfermedad psicológica que padecía. Sin embargo, yo no podía saberlo y creí haberme convertido, de la noche al día, en una mala persona...
Ya no sólo imaginaba efectos fatídicos sobreviniendo de la consecución de determinados actos, sino también, terribles insultos contra los seres que más quería,
( familia, amigos, incluso Dios y otras figuras religiosas), así como, lo que yo consideraba que eran entonces, sentimientos de alegría derivados de todas aquellas desgracias que sucedían a mi alrededor o escuchaba en las noticias.
“- ¿Pero qué me estaba pasando?-” No comprendía nada. Aterrada por unos sentimientos de culpabilidad increíblemente espantosos, caí en una profunda depresión de más de tres años.
Fui tratada por diferentes especialistas en psicología y psiquiatría de toda España sin embargo, parecía que no existía una cura definitiva y eficaz para mi afección.
Físicamente, me encontraba en un estado de debilidad extremo debido a la pérdida de peso ocasionada por la depresión y la ansiedad que sufría, ( apenas contaba con 37 kilos y medía un metro y cincuenta y cinco centímetros), y a los numerosos efectos secundarios de la abusiva medicación que tomaba.
Recuerdo aquellos tres años de tratamiento, como los peores de toda mi vida.
Pasaba literalmente, los días llorando acosada por aquellos espeluznantes, involuntarios y persistentes pensamientos e ideas que me atormentaban, apenas dormía amenazada por terribles pesadillas que me consumían y, desesperada, sentía que no reunía fuerzas suficientes como para continuar luchando contra la indescriptible tortura, principalmente psicológica, que suponía permanecer viva.
¿Cómo se puede vivir consciente de la propia pérdida de identidad y de cordura? Yo no sabía hacerlo, no podía asumirlo. No comprendía qué me estaba pasando ni tampoco porqué.
“- Es una enfermedad-”, me decían, “- tú no tienes la culpa de padecerla, ni mandas sobre tus pensamientos, son agentes intrusivos que pretenden hacerte daño en contra de tus verdaderos sentimientos-”.
“-¡ Dios mío! ¿Qué quería decir todo aquello?-”
Un momento de tranquilidad, un instante de evasión...¿ por qué nunca podía tenerlos?
Pasados estos tres angustiosísimos años de tratamiento sin resultado, mi familia encontró finalmente, una clínica situada en el norte de España donde, según les habían comentado, se encontraba uno de los mejores, ( sino el mejor), médico neuropsiquiatra del país. Aunque sin tener apenas esperanzas, viajamos hasta allí buscando un nuevo diagnóstico o un tratamiento alternativo...
Sin embargo, para asombro, perplejidad pero sobre todo, incredulidad de mis padres e igualmente míos, el doctor que se encontraba al otro lado de la mesa, pronunció las palabras más increíbles e inesperadas que jamás he vuelto a escuchar en toda mi vida:
“- ¿ Cuántos días me dais para que la ponga buena?-”
Concretamente, hicieron falta 36. Ese fue el cortísimo intervalo de tiempo que necesitó la persona “más especial del mundo para mí”, en devolverme al estado de salud mental, y también físico, que con tantísima fuerza había ansiado durante años y del que ya me había despedido con la resignación que sigue a la impotencia. ( Había asumido y aceptado la realidad, sin expectativas, estaba convencida de que las cosas no iban a cambiar, pero, cuando se volvieron positivas, me aferré a las nuevas perspectivas de futuro que anunciaban con toda mi ilusión, y aún más, por cuanto valoraba aquello que ya había considerado tener perdido)...
Fui tratada específicamente para el Trastorno Obsesivo Compulsivo: me retiraron la medicación que estaba tomando hasta ese momento y la sustituyeron por una nueva que incluía: tranquilizantes, ansiolíticos y antidepresivos. Sin embargo, la eficacia del tratamiento se alcanzó indefectiblemente, gracias a la realización acompañada de un escáner cerebral para evaluar el estado de mi cerebro.
De este modo, pudimos descubrir que tenía falta de riego sanguíneo. Una insuficiencia cerebro-vascular que agravaba considerablemente el Síndrome Obsesivo Compulsivo que padecía.
Es muy curioso pero hasta ese momento, ningún otro médico había sugerido la posibilidad de que existiera algún problema en el cerebro ni por tanto, se había planteado la eventualidad de realizar un escáner cerebral para descartar viables problemas de riego que acrecentaran la neurosis obsesiva ya diagnosticada.
Sin embargo, una vez descubierto el problema complementario a mi afección, en esta clínica me administraron, además, fármacos para facilitar la llegada de la sangre, ( y por lo tanto, también del oxígeno), a mi cerebro, garantizando el éxito de la recuperación.
Han pasado ocho años desde entonces. Se puede decir que he superado mi enfermedad en un 90 por ciento. En la actualidad, continuo tomando medicación para evitar posibles recaídas, sin embargo, mi estado de salud físico y mental es todo un éxito, un milagro y el mejor de los regalos que valoro y del que disfruto como más, probablemente, sea imposible.
Como dicen, cada persona es un mundo. Así también cada caso es especial y único, de características determinadas y concretas; sin embargo, hoy escribo este abreviado relato de mi experiencia personal con la enfermedad psicológica, el Trastorno Obsesivo Compulsivo, con la esperanza de poder ayudar a aquellas personas que se encuentran sufriendo en estos momentos, víctimas de complejos mundos interiores provocados por esas afecciones psicológicas para muchos desconocidas, que tanto dolor y desánimo producen en quienes las padecen pero también, en su entorno más cercano.
Al comienzo de redactar este relato, reconozco que sentía un poquito de miedo, un tímido temor a poder ser considerada como una persona enferma, no cuerda, psicológicamente inestable, alguien de quien debes alejarte porque su influencia no puede ser buena; la eterna portadora de la etiqueta de desequilibrada o loca...
No obstante, peor o mejor considerada, me veía en la obligación, por otro lado, voluntaria y deseada, de dar a conocer mi experiencia personal con esta enfermedad psicológica en concreto, con la esperanza de poder ofrecer un haz de luz a todas aquellas personas que en estos momentos, pueden verse en cierto modo, reflejadas en aquello que yo fui, y que pueden dar ese paso hacia un estadio del que yo me encuentro disfrutando, si se aferran a la vida y a las múltiples posibilidades de curación, que a veces escondidas, les aguardan en algún lugar que sólo puede hallarse, si se deja a un lado la desesperación, el desánimo pero sobre todo, la resignación.
Este breve relato, me gustaría destinarlo a todos aquellos que, por unas causas psicológicas, ( también físicas), u otras, no son capaces de ver más allá del muro que se levanta frente a ellos y se consumen en el conformismo desafortunado de las escasas y negativas expectativas que éste les ofrece.
Desearía pedirles, por favor, que confíen en que, tras ese muro, el mundo les invita a vivir bajo la atenta mirada de quienes ansían e incluso, confían en que volverán a verles sonreír.
Y que no se den jamás por vencidos, como me dijo en una ocasión un buen amigo: “- la vida de nadie merece una pena-”.
Les gritaría asimismo, que luchen por lo más valioso que tienen con todas sus fuerzas, que no abandonen y que conserven su buen ánimo no dejándose caer en una actitud derrotista. Si bien querer no es siempre poder, al menos, seguramente sea la vía más fiable para conseguir nuestros objetivos y nuestros propósitos.
Dicen que la felicidad es la adaptación al entorno, y estoy de acuerdo: esa capacidad de conseguirlo que depende en buena parte, de uno mismo.
Personalmente creo que no existen ganadores ni tampoco perdedores, ni vencidos, sólo supervivientes a las pruebas a las que nos somete la vida.
Y que, en este partido, no importa tanto el resultado como llegar hasta el final conservando el ánimo hasta el último instante.
Así, no creo que vence quien gana sino todo el que no se rinde.
Esperando muy sinceramente, poder ayudar, desde mi experiencia humilde y en la medida de lo posible, a todos cuantos leéis estas líneas, se despide con toda ilusión y confianza en vosotros, quién seguramente no os conoce pero, que sin ninguna duda, os desea la mejor.
Reyes.
Fue aproximadamente a la edad de los ocho años cuando comencé a desarrollar el Trastorno Obsesivo Compulsivo.
Estudiaba en un colegio católico y la Religión se convirtió en un asunto perturbador para mí desde muy pequeña.
(Recuerdo que rezaba al levantarme por las mañanas, también antes de cada comida, bendiciendo los alimentos, y al acostarme).
Sin embargo, mi infancia transcurrió, creo, como la de la mayoría de niños de mi misma edad hasta que irremediablemente aconteció en mi vida el primer suceso trágico: la muerte de un ser muy querido.
A partir de entonces todo cambió. (No comprendía qué había pasado exactamente ni tampoco sabía dónde se encontraba ahora aquella persona amada).
La conciencia de la muerte se convirtió en una verdadera obsesión para mí. Tenía entonces diez años. Y aquí empezó mi pesadilla, el impulso de mi enfermedad psicológica: el Síndrome Obsesivo Compulsivo.
( Se trata de un trastorno de ansiedad que se caracteriza por generar en la persona que lo padece, una serie de pensamientos, sentimientos, sensaciones e ideas,
( esto son, las obsesiones), que le impulsan a hacer algo o a seguir un tipo de comportamiento concreto, ( esto son, en términos médicos, las compulsiones) para reducir la angustia que le producen las citadas obsesiones).
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(Se puede manifestar de formas muy distintas en cada persona que lo padece, sin embargo, el mecanismo de éste es siempre el mismo.
El enfermo siente una vulnerabilidad o debilidad exageradas frente a uno o, en ocasiones, varios aspectos en concreto que, poco a poco, va transformando en el objeto u objetos de su obsesión.
El obsesivo compulsivo se obceca en ellos, convirtiéndolos en pensamientos e ideas que va introduciendo de forma involuntaria y repetitiva en su mente.
Estos pensamientos e ideas son, en todos los casos, muy molestos y recurrentes en la persona que padece este complejo trastorno psicológico. Habitualmente, producen un fuerte estado de ansiedad e incluso pueden degenerar en agudas depresiones).
La Religión en general, las dudas y preguntas que se me planteaban en torno a la muerte, el conocimiento de nuevos y, hasta el momento, ignorados problemas que afectaban al mundo y a las personas que vivíamos en él fueron, básicamente, mis particulares objetos de obsesión.
Pasó el tiempo y entré en la adolescencia. Aparentemente, era una joven normal y corriente, con una vida que discurría como la del resto de mis compañeros. Sin embargo, para mi desconcierto, no era así.
Recuerdo que llegaba a casa después del colegio, cogía mis libros y los llevaba a la habitación de estudio. Antes de hacer los deberes, cuando estaba todo dispuesto, corría a mi dormitorio, cerraba la puerta y comenzaba a rezar...
Sabía que lo que hacía no era normal pero todas las tardes sentía esa necesidad de ir a rezar a mi cuarto para que no sucedieran cosas malas, para intentar evitarlas...Era como una obligación que me pertenecía y si algún día no cumplía con ella, me sentía fatal.
De esta manera, los estudios ocupaban un lugar secundario para mí. Realizaba mis deberes, sólo cuando estaba completamente segura de haber acabado mis oraciones y esto, solía ser siempre muy tarde.
Este era mi mayor problema, sin embargo, tenía alguno más. Por ejemplo, esa obsesión por lavarme las manos en todo momento. Nunca creía estar completamente limpia, notaba suciedad y sentía un enorme alivio cuando, al fin, podía enjabonarlas.
De este modo fui creciendo hasta alcanzar los trece años. Era el último curso en el colegio y, como era costumbre, se organizó una excursión para celebrarlo: viajaríamos a Barcelona.
Era estupendo y me hacía muchísima ilusión. No había nada malo en ello...
(Sin embargo, mi mente, que había comenzado a enfermar hacía ya algún tiempo, asoció la feliz idea de realizar un viaje con la desagradable posibilidad de que se produjera un acontecimiento trágico en el caso de materializar aquella ilusión: si viajaba a Barcelona, a mi madre le sucedería algo malo).
Ya no podía permanecer más en silencio. El secreto celosamente guardado de mi actitud en la intimidad, tenía que descubrirse pues se me planteaba un problema para el que sabía que no conseguiría encontrar solución en mi soledad.
Desafiando a los por mí considerados, permisibles rechazos y burlas de quienes me rodeaban, decidí salir de mi retraimiento y contarle a mi familia y amigos más cercanos, mi temor hacia una posible desgracia acechando a mi madre en el caso de realizar el ansiado viaje de final de curso. En contra de lo esperado, todas las personas a quienes confesé mi escondida angustia, se mostraron receptivas y comprensivas hacia mí, mis miedos y mis dudas. Me convencieron para ir a Barcelona, haciéndome ver que todos aquellos pensamientos e ideas que me atormentaban, carecían de lógica y no tenían fundamento posible al que atenerse.
Ya con la conciencia tranquila realicé, finalmente, el viaje a la ciudad condal.
Pero tras la experiencia de la excursión de final de curso, comenzaron a aparecer nuevos temores, pensamientos e ideas ilógicos así como complejas paranoias. Mi mente, obsesionada con la Religión y con los acontecimientos trágicos de que tenía conciencia, empezó a establecer una relación directa entre mis actuaciones y una consecuencia negativa derivada de éstas: hacer una cosa en concreto u otra, desencadenaba una determinada y precisa tragedia.
Confusas asociaciones entre acciones y efectos, empezaron a angustiarme e incrédula, luchaba sin éxito, por entender una situación que difería mucho de la realidad que me rodeaba.
Actividades tan cotidianas como elegir la ropa para vestirme cada día, hacer los deberes, encender la televisión y fijar una programación; arreglar la habitación o prepararme la mochila del colegio, por ejemplo, suponían dificultosos retos para mí pues imaginaba un resultado perjudicial deviniendo de la realización de los mismos.
Asustada por vivir, por dar un paso adelante, me limitaba a existir en un mundo donde comenzaban a residir únicamente, el temor y la amargura.
A caballo entre un universo fantástico y la realidad establecida, y cercada por una enfermedad que restringía no sólo mis voluntades sino también algunas de las actividades humanas más básicas, fueron sucediéndose los años.
Ya no gesticulaba una sonrisa, había perdido la capacidad física para hacerlo y sólo lloraba, lloraba desconsolada por las terribles ideas y peores pensamientos que invadían mi mente enferma.
El Trastorno Obsesivo Compulsivo se había apoderado de mí y dejé de ser dueña de mi propia conciencia.
Aquella alegría que había caracterizado mi personalidad en tiempos franqueados, había quedado en el olvido para dar paso a una profunda tristeza que asediaría mi hálito por completo.
Ideas, pensamientos y, lo que yo creía que eran sentimientos, negativos, ( contrarios a los míos verdaderos), comenzaron a dominar mi mente.
No me pertenecían y eran consecuencia de la enfermedad psicológica que padecía. Sin embargo, yo no podía saberlo y creí haberme convertido, de la noche al día, en una mala persona...
Ya no sólo imaginaba efectos fatídicos sobreviniendo de la consecución de determinados actos, sino también, terribles insultos contra los seres que más quería,
( familia, amigos, incluso Dios y otras figuras religiosas), así como, lo que yo consideraba que eran entonces, sentimientos de alegría derivados de todas aquellas desgracias que sucedían a mi alrededor o escuchaba en las noticias.
“- ¿Pero qué me estaba pasando?-” No comprendía nada. Aterrada por unos sentimientos de culpabilidad increíblemente espantosos, caí en una profunda depresión de más de tres años.
Fui tratada por diferentes especialistas en psicología y psiquiatría de toda España sin embargo, parecía que no existía una cura definitiva y eficaz para mi afección.
Físicamente, me encontraba en un estado de debilidad extremo debido a la pérdida de peso ocasionada por la depresión y la ansiedad que sufría, ( apenas contaba con 37 kilos y medía un metro y cincuenta y cinco centímetros), y a los numerosos efectos secundarios de la abusiva medicación que tomaba.
Recuerdo aquellos tres años de tratamiento, como los peores de toda mi vida.
Pasaba literalmente, los días llorando acosada por aquellos espeluznantes, involuntarios y persistentes pensamientos e ideas que me atormentaban, apenas dormía amenazada por terribles pesadillas que me consumían y, desesperada, sentía que no reunía fuerzas suficientes como para continuar luchando contra la indescriptible tortura, principalmente psicológica, que suponía permanecer viva.
¿Cómo se puede vivir consciente de la propia pérdida de identidad y de cordura? Yo no sabía hacerlo, no podía asumirlo. No comprendía qué me estaba pasando ni tampoco porqué.
“- Es una enfermedad-”, me decían, “- tú no tienes la culpa de padecerla, ni mandas sobre tus pensamientos, son agentes intrusivos que pretenden hacerte daño en contra de tus verdaderos sentimientos-”.
“-¡ Dios mío! ¿Qué quería decir todo aquello?-”
Un momento de tranquilidad, un instante de evasión...¿ por qué nunca podía tenerlos?
Pasados estos tres angustiosísimos años de tratamiento sin resultado, mi familia encontró finalmente, una clínica situada en el norte de España donde, según les habían comentado, se encontraba uno de los mejores, ( sino el mejor), médico neuropsiquiatra del país. Aunque sin tener apenas esperanzas, viajamos hasta allí buscando un nuevo diagnóstico o un tratamiento alternativo...
Sin embargo, para asombro, perplejidad pero sobre todo, incredulidad de mis padres e igualmente míos, el doctor que se encontraba al otro lado de la mesa, pronunció las palabras más increíbles e inesperadas que jamás he vuelto a escuchar en toda mi vida:
“- ¿ Cuántos días me dais para que la ponga buena?-”
Concretamente, hicieron falta 36. Ese fue el cortísimo intervalo de tiempo que necesitó la persona “más especial del mundo para mí”, en devolverme al estado de salud mental, y también físico, que con tantísima fuerza había ansiado durante años y del que ya me había despedido con la resignación que sigue a la impotencia. ( Había asumido y aceptado la realidad, sin expectativas, estaba convencida de que las cosas no iban a cambiar, pero, cuando se volvieron positivas, me aferré a las nuevas perspectivas de futuro que anunciaban con toda mi ilusión, y aún más, por cuanto valoraba aquello que ya había considerado tener perdido)...
Fui tratada específicamente para el Trastorno Obsesivo Compulsivo: me retiraron la medicación que estaba tomando hasta ese momento y la sustituyeron por una nueva que incluía: tranquilizantes, ansiolíticos y antidepresivos. Sin embargo, la eficacia del tratamiento se alcanzó indefectiblemente, gracias a la realización acompañada de un escáner cerebral para evaluar el estado de mi cerebro.
De este modo, pudimos descubrir que tenía falta de riego sanguíneo. Una insuficiencia cerebro-vascular que agravaba considerablemente el Síndrome Obsesivo Compulsivo que padecía.
Es muy curioso pero hasta ese momento, ningún otro médico había sugerido la posibilidad de que existiera algún problema en el cerebro ni por tanto, se había planteado la eventualidad de realizar un escáner cerebral para descartar viables problemas de riego que acrecentaran la neurosis obsesiva ya diagnosticada.
Sin embargo, una vez descubierto el problema complementario a mi afección, en esta clínica me administraron, además, fármacos para facilitar la llegada de la sangre, ( y por lo tanto, también del oxígeno), a mi cerebro, garantizando el éxito de la recuperación.
Han pasado ocho años desde entonces. Se puede decir que he superado mi enfermedad en un 90 por ciento. En la actualidad, continuo tomando medicación para evitar posibles recaídas, sin embargo, mi estado de salud físico y mental es todo un éxito, un milagro y el mejor de los regalos que valoro y del que disfruto como más, probablemente, sea imposible.
Como dicen, cada persona es un mundo. Así también cada caso es especial y único, de características determinadas y concretas; sin embargo, hoy escribo este abreviado relato de mi experiencia personal con la enfermedad psicológica, el Trastorno Obsesivo Compulsivo, con la esperanza de poder ayudar a aquellas personas que se encuentran sufriendo en estos momentos, víctimas de complejos mundos interiores provocados por esas afecciones psicológicas para muchos desconocidas, que tanto dolor y desánimo producen en quienes las padecen pero también, en su entorno más cercano.
Al comienzo de redactar este relato, reconozco que sentía un poquito de miedo, un tímido temor a poder ser considerada como una persona enferma, no cuerda, psicológicamente inestable, alguien de quien debes alejarte porque su influencia no puede ser buena; la eterna portadora de la etiqueta de desequilibrada o loca...
No obstante, peor o mejor considerada, me veía en la obligación, por otro lado, voluntaria y deseada, de dar a conocer mi experiencia personal con esta enfermedad psicológica en concreto, con la esperanza de poder ofrecer un haz de luz a todas aquellas personas que en estos momentos, pueden verse en cierto modo, reflejadas en aquello que yo fui, y que pueden dar ese paso hacia un estadio del que yo me encuentro disfrutando, si se aferran a la vida y a las múltiples posibilidades de curación, que a veces escondidas, les aguardan en algún lugar que sólo puede hallarse, si se deja a un lado la desesperación, el desánimo pero sobre todo, la resignación.
Este breve relato, me gustaría destinarlo a todos aquellos que, por unas causas psicológicas, ( también físicas), u otras, no son capaces de ver más allá del muro que se levanta frente a ellos y se consumen en el conformismo desafortunado de las escasas y negativas expectativas que éste les ofrece.
Desearía pedirles, por favor, que confíen en que, tras ese muro, el mundo les invita a vivir bajo la atenta mirada de quienes ansían e incluso, confían en que volverán a verles sonreír.
Y que no se den jamás por vencidos, como me dijo en una ocasión un buen amigo: “- la vida de nadie merece una pena-”.
Les gritaría asimismo, que luchen por lo más valioso que tienen con todas sus fuerzas, que no abandonen y que conserven su buen ánimo no dejándose caer en una actitud derrotista. Si bien querer no es siempre poder, al menos, seguramente sea la vía más fiable para conseguir nuestros objetivos y nuestros propósitos.
Dicen que la felicidad es la adaptación al entorno, y estoy de acuerdo: esa capacidad de conseguirlo que depende en buena parte, de uno mismo.
Personalmente creo que no existen ganadores ni tampoco perdedores, ni vencidos, sólo supervivientes a las pruebas a las que nos somete la vida.
Y que, en este partido, no importa tanto el resultado como llegar hasta el final conservando el ánimo hasta el último instante.
Así, no creo que vence quien gana sino todo el que no se rinde.
Esperando muy sinceramente, poder ayudar, desde mi experiencia humilde y en la medida de lo posible, a todos cuantos leéis estas líneas, se despide con toda ilusión y confianza en vosotros, quién seguramente no os conoce pero, que sin ninguna duda, os desea la mejor.
Reyes.

El Trastorno Obsesivo Compulsivo todavía no tiene cura a día de hoy, así que supongo, que continuo dándole a determinadas cosas, una importancia mayor de la que realmente tienen.
Por ejemplo, cuido mucho mi higiene personal e intento mantener mi habitación limpia y también, ordenada. Suelo dejar las cosas que acostumbro a ver diariamente, siempre en el mismo lugar, ( y si no están allí, las coloco expresamente).
Sin embargo, ambos aspectos, la limpieza y el orden, aunque son temas que cuido, ya no me obsesionan. Y todos aquellos pensamientos, ideas y "sentimientos"que me atormentaban en el pasado, han desaparecido por completo. ( Alguna vez, sí he notado como en una situación muy concreta, alguno parecía que intentaba "colarse" de nuevo, pero, en seguida, he podido reconocerlo y por tanto, ignorarlo, ganándole la batalla).
Personalmente, fui tratada en el aspecto farmacoterapéutico, con Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina, ( ISRS), (concretamente con fluoxetina), antidepresivos y ansiolíticos y seguí la terapia cognitivo-conductual de la que os hablaba en el apartado anterior.
Además, me recetaron medicación específica para tratar la Insuficiencia Cerebro-Vascular que también padecía y que agravaba la neurosis obsesiva.
En la actualidad, continuo tomando fármacos para controlar tanto el Síndrome Obsesivo como la Insuficiencia Cerebro-Vascular y evitar posibles recaídas, sin embargo, de verdad, llevo una vida completamente normal y soy muy, muy feliz.
( Finalicé, hace dos años, el módulo de Técnico Superior en Farmacia con sobresaliente. También estudié inglés y ofimática y alcancé un nivel avanzado en ambas materias).
Actualmente, trabajo en el negocio familiar como una empleada más, salgo con mis amigos los fines de semana, realizo viajes y disfruto de mi tiempo libre pudiendo hacer absolutamente todo lo que deseo.
Me veo a mí misma en un futuro, formando mi propia familia, con mi pareja y mis hijos, afrontando la vida con ilusión y esa madurez que aporta la experiencia.
Es por todo esto por lo que deseo pediros que lucheis y que no os deis por vencidos en ningún momento. El camino es a veces, largo y siempre, muy duro pero merece la pena soportarlo porque bien llevado, el final es positivo.
-¡ Muchísimo ánimo!
Reyes.
Por ejemplo, cuido mucho mi higiene personal e intento mantener mi habitación limpia y también, ordenada. Suelo dejar las cosas que acostumbro a ver diariamente, siempre en el mismo lugar, ( y si no están allí, las coloco expresamente).
Sin embargo, ambos aspectos, la limpieza y el orden, aunque son temas que cuido, ya no me obsesionan. Y todos aquellos pensamientos, ideas y "sentimientos"que me atormentaban en el pasado, han desaparecido por completo. ( Alguna vez, sí he notado como en una situación muy concreta, alguno parecía que intentaba "colarse" de nuevo, pero, en seguida, he podido reconocerlo y por tanto, ignorarlo, ganándole la batalla).
Personalmente, fui tratada en el aspecto farmacoterapéutico, con Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina, ( ISRS), (concretamente con fluoxetina), antidepresivos y ansiolíticos y seguí la terapia cognitivo-conductual de la que os hablaba en el apartado anterior.
Además, me recetaron medicación específica para tratar la Insuficiencia Cerebro-Vascular que también padecía y que agravaba la neurosis obsesiva.
En la actualidad, continuo tomando fármacos para controlar tanto el Síndrome Obsesivo como la Insuficiencia Cerebro-Vascular y evitar posibles recaídas, sin embargo, de verdad, llevo una vida completamente normal y soy muy, muy feliz.
( Finalicé, hace dos años, el módulo de Técnico Superior en Farmacia con sobresaliente. También estudié inglés y ofimática y alcancé un nivel avanzado en ambas materias).
Actualmente, trabajo en el negocio familiar como una empleada más, salgo con mis amigos los fines de semana, realizo viajes y disfruto de mi tiempo libre pudiendo hacer absolutamente todo lo que deseo.
Me veo a mí misma en un futuro, formando mi propia familia, con mi pareja y mis hijos, afrontando la vida con ilusión y esa madurez que aporta la experiencia.
Es por todo esto por lo que deseo pediros que lucheis y que no os deis por vencidos en ningún momento. El camino es a veces, largo y siempre, muy duro pero merece la pena soportarlo porque bien llevado, el final es positivo.
-¡ Muchísimo ánimo!
Reyes.

Pasados estos tres angustiosísimos años de tratamiento sin resultado, mi familia encontró finalmente, una clínica situada en el norte de España donde, según les habían comentado, se encontraba uno de los mejores, ( sino el mejor), médico neuropsiquiatra del país. Aunque sin ninguna esperanza, viajamos hasta allí buscando un nuevo diagnóstico o un tratamiento alternativo...
Sin embargo, para asombro, perplejidad pero sobre todo, incredulidad de mis padres e igualmente míos, el doctor que se encontraba al otro lado de la mesa, pronunció las palabras más increíbles e inesperadas que jamás he vuelto a escuchar en toda mi vida:
“- ¿ Cuántos días me dais para que la ponga buena?-”
Concretamente, hicieron falta 36. Ese fue el cortísimo intervalo de tiempo que necesitó la persona “más especial del mundo para mí”, en devolverme al estado de salud mental, y también físico, que con tantísima fuerza había ansiado durante años y del que ya me había despedido con la resignación que sigue a la impotencia. ( Había asumido y aceptado la realidad, sin esperanzas, estaba convencida de que las cosas no iban a cambiar, pero, cuando se volvieron positivas, me aferré a las nuevas perspectivas de futuro que anunciaban con toda mi ilusión, y aún más, por cuanto valoraba aquello que ya había considerado tener perdido)...
Fui tratada específicamente para el Trastorno Obsesivo Compulsivo: me retiraron la medicación que estaba tomando hasta ese momento y la sustituyeron por una nueva que incluía: tranquilizantes, ansiolíticos y antidepresivos. Sin embargo, la eficacia del tratamiento se alcanzó insustituiblemente, gracias a la realización acompañada de un escáner cerebral para evaluar el estado de mi cerebro.
De este modo, pudimos descubrir que tenía falta de riego sanguíneo. Una insuficiencia cerebro-vascular que agravaba considerablemente el Síndrome Obsesivo Compulsivo que padecía.
Es muy curioso pero hasta ese momento, ningún otro médico había sugerido la posibilidad de que existiera algún problema en el cerebro ni por tanto, se había planteado la eventualidad de realizar un escáner cerebral para descartar viables problemas de riego que acrecentaran la neurosis obsesiva ya diagnosticada.
Sin embargo, una vez descubierto el problema complementario a mi afección, en esta clínica me administraron, además, fármacos para facilitar la llegada de la sangre, ( y por lo tanto, también del oxígeno), a mi cerebro, garantizando el éxito de la recuperación.
Han pasado ocho años desde entonces. Se puede decir que he superado mi enfermedad en un 90 por ciento. En la actualidad, continuo tomando medicación para evitar posibles recaídas, sin embargo, mi estado de salud físico y mental es todo un éxito, un milagro y el mejor de los regalos que valoro y del que disfruto como más, probablemente, sea imposible.
Como dicen, cada persona es un mundo. Así también cada caso es especial y único, de características determinadas y concretas; sin embargo, hoy escribo este abreviado relato de mi experiencia personal con la enfermedad psicológica, el Trastorno Obsesivo Compulsivo, con la esperanza de poder ayudar a aquellas personas que se encuentran sufriendo en estos momentos, víctimas de complejos mundos interiores provocados por esas afecciones psicológicas para muchos desconocidas, que tanto dolor y desánimo producen en quienes las padecen pero también, en su entorno más cercano.
Al comienzo de redactar este relato, reconozco que sentía un poquito de miedo, un tímido temor a poder ser considerada como una persona enferma, no cuerda, psicológicamente inestable, alguien de quien debes alejarte porque su influencia no puede ser buena; la eterna portadora de la etiqueta de desequilibrada o loca...
No obstante, peor o mejor considerada, me veía en la obligación, por otro lado, voluntaria y deseada, de dar a conocer mi experiencia personal con esta enfermedad psicológica en concreto, con la esperanza de poder ofrecer un haz de luz a todas aquellas personas que en estos momentos, pueden verse en cierto modo, reflejadas en aquello que yo fui, y que pueden dar ese paso hacia un estadio del que yo me encuentro disfrutando, si se afierran a la vida y a las múltiples posibilidades de curación, que a veces escondidas, les aguardan en algún lugar que sólo puede hallarse, si se deja a un lado la desesperación, el desánimo pero sobre todo, la resignación.
Este breve relato, me gustaría destinarlo a todos aquellos que, por unas causas psicológicas, ( también físicas), u otras, no son capaces de ver más allá del muro que se levanta frente a ellos y se consumen en el conformismo desafortunado de las escasas y negativas expectativas que éste les ofrece.
Desearía pedirles, por favor, que confíen en que, tras ese muro, el mundo les invita a vivir bajo la atenta mirada de quienes ansían e incluso, confían en que volverán a verles sonreír.
Y que no se den jamás por vencidos, como me dijo en una ocasión un buen amigo: “- la vida de nadie merece una pena-”.
Les gritaría asimismo, que luchen por lo más valioso que tienen con todas sus fuerzas, que no abandonen y que conserven su buen ánimo no dejándose caer en una actitud derrotista. Si bien querer no es siempre poder, al menos, seguramente sea la vía más fiable para conseguir nuestros objetivos y nuestros propósitos.
Esperando muy sinceramente, poder ayudar, desde mi experiencia humilde y en la medida de lo posible, a todos cuantos leéis estas líneas, se despide con toda ilusión y confianza en vosotros, quién seguramente no os conoce pero, que sin ninguna duda, os desea la mejor:
Reyes.
Sin embargo, para asombro, perplejidad pero sobre todo, incredulidad de mis padres e igualmente míos, el doctor que se encontraba al otro lado de la mesa, pronunció las palabras más increíbles e inesperadas que jamás he vuelto a escuchar en toda mi vida:
“- ¿ Cuántos días me dais para que la ponga buena?-”
Concretamente, hicieron falta 36. Ese fue el cortísimo intervalo de tiempo que necesitó la persona “más especial del mundo para mí”, en devolverme al estado de salud mental, y también físico, que con tantísima fuerza había ansiado durante años y del que ya me había despedido con la resignación que sigue a la impotencia. ( Había asumido y aceptado la realidad, sin esperanzas, estaba convencida de que las cosas no iban a cambiar, pero, cuando se volvieron positivas, me aferré a las nuevas perspectivas de futuro que anunciaban con toda mi ilusión, y aún más, por cuanto valoraba aquello que ya había considerado tener perdido)...
Fui tratada específicamente para el Trastorno Obsesivo Compulsivo: me retiraron la medicación que estaba tomando hasta ese momento y la sustituyeron por una nueva que incluía: tranquilizantes, ansiolíticos y antidepresivos. Sin embargo, la eficacia del tratamiento se alcanzó insustituiblemente, gracias a la realización acompañada de un escáner cerebral para evaluar el estado de mi cerebro.
De este modo, pudimos descubrir que tenía falta de riego sanguíneo. Una insuficiencia cerebro-vascular que agravaba considerablemente el Síndrome Obsesivo Compulsivo que padecía.
Es muy curioso pero hasta ese momento, ningún otro médico había sugerido la posibilidad de que existiera algún problema en el cerebro ni por tanto, se había planteado la eventualidad de realizar un escáner cerebral para descartar viables problemas de riego que acrecentaran la neurosis obsesiva ya diagnosticada.
Sin embargo, una vez descubierto el problema complementario a mi afección, en esta clínica me administraron, además, fármacos para facilitar la llegada de la sangre, ( y por lo tanto, también del oxígeno), a mi cerebro, garantizando el éxito de la recuperación.
Han pasado ocho años desde entonces. Se puede decir que he superado mi enfermedad en un 90 por ciento. En la actualidad, continuo tomando medicación para evitar posibles recaídas, sin embargo, mi estado de salud físico y mental es todo un éxito, un milagro y el mejor de los regalos que valoro y del que disfruto como más, probablemente, sea imposible.
Como dicen, cada persona es un mundo. Así también cada caso es especial y único, de características determinadas y concretas; sin embargo, hoy escribo este abreviado relato de mi experiencia personal con la enfermedad psicológica, el Trastorno Obsesivo Compulsivo, con la esperanza de poder ayudar a aquellas personas que se encuentran sufriendo en estos momentos, víctimas de complejos mundos interiores provocados por esas afecciones psicológicas para muchos desconocidas, que tanto dolor y desánimo producen en quienes las padecen pero también, en su entorno más cercano.
Al comienzo de redactar este relato, reconozco que sentía un poquito de miedo, un tímido temor a poder ser considerada como una persona enferma, no cuerda, psicológicamente inestable, alguien de quien debes alejarte porque su influencia no puede ser buena; la eterna portadora de la etiqueta de desequilibrada o loca...
No obstante, peor o mejor considerada, me veía en la obligación, por otro lado, voluntaria y deseada, de dar a conocer mi experiencia personal con esta enfermedad psicológica en concreto, con la esperanza de poder ofrecer un haz de luz a todas aquellas personas que en estos momentos, pueden verse en cierto modo, reflejadas en aquello que yo fui, y que pueden dar ese paso hacia un estadio del que yo me encuentro disfrutando, si se afierran a la vida y a las múltiples posibilidades de curación, que a veces escondidas, les aguardan en algún lugar que sólo puede hallarse, si se deja a un lado la desesperación, el desánimo pero sobre todo, la resignación.
Este breve relato, me gustaría destinarlo a todos aquellos que, por unas causas psicológicas, ( también físicas), u otras, no son capaces de ver más allá del muro que se levanta frente a ellos y se consumen en el conformismo desafortunado de las escasas y negativas expectativas que éste les ofrece.
Desearía pedirles, por favor, que confíen en que, tras ese muro, el mundo les invita a vivir bajo la atenta mirada de quienes ansían e incluso, confían en que volverán a verles sonreír.
Y que no se den jamás por vencidos, como me dijo en una ocasión un buen amigo: “- la vida de nadie merece una pena-”.
Les gritaría asimismo, que luchen por lo más valioso que tienen con todas sus fuerzas, que no abandonen y que conserven su buen ánimo no dejándose caer en una actitud derrotista. Si bien querer no es siempre poder, al menos, seguramente sea la vía más fiable para conseguir nuestros objetivos y nuestros propósitos.
Esperando muy sinceramente, poder ayudar, desde mi experiencia humilde y en la medida de lo posible, a todos cuantos leéis estas líneas, se despide con toda ilusión y confianza en vosotros, quién seguramente no os conoce pero, que sin ninguna duda, os desea la mejor:
Reyes.
Pero tras la experiencia de la excursión de final de curso, comenzaron a aparecer nuevos temores, pensamientos e ideas ilógicos así como complejas paranoias. Mi mente, obsesionada con la Religión y con los acontecimientos trágicos de que tenía conciencia, empezó a establecer una relación directa entre mis actuaciones y una consecuencia negativa derivada de éstas: hacer una cosa en concreto u otra, desencadenaba una determinada y precisa tragedia.
Confusas asociaciones entre acciones y efectos, empezaron a angustiarme e incrédula, luchaba sin éxito, por entender una situación que difería mucho de la realidad que me rodeaba.
Actividades tan cotidianas como elegir la ropa para vestirme cada día, hacer los deberes, encender la televisión y fijar una programación; arreglar la habitación o prepararme la mochila del colegio, por ejemplo, suponían dificultosos retos para mí pues imaginaba un resultado perjudicial deviniendo de la realización de los mismos.
A caballo entre un universo fantástico y la realidad establecida, y cercada por una enfermedad que restringía no sólo mis voluntades sino también algunas de las actividades humanas más básicas, fueron sucediéndose los años.
Ya no gesticulaba una sonrisa, había perdido la capacidad física para hacerlo y sólo lloraba, lloraba desconsolada por las terribles ideas y peores pensamientos que invadían mi mente enferma.
El Trastorno Obsesivo Compulsivo se había apoderado de mí y dejé de ser dueña de mi propia conciencia.
Ideas, pensamientos y, lo que yo creía que eran sentimientos, negativos, ( contrarios a los míos verdaderos), comenzaron a dominar mi mente.
No me pertenecían y eran consecuencia de la enfermedad psicológica que padecía. Sin embargo, yo no podía saberlo y creí haberme convertido, de la noche al día, en una mala persona...
Ya no sólo imaginaba efectos fatídicos sobreviniendo de la consecución de determinados actos, sino también, terribles insultos contra los seres que más quería, ( familia, amigos, incluso Dios y otras figuras religiosas), así como, lo que yo consideraba que eran entonces, sentimientos de alegría derivados de todas aquellas desgracias que sucedían a mi alrededor o escuchaba en las noticias.
“- ¿Pero qué me estaba pasando?-” No comprendía nada. Aterrada por unos sentimientos de culpabilidad increíblemente espantosos, caí en una profunda depresión de más de tres años.
Fui tratada por diferentes especialistas en psicología y psiquiatría de toda España sin embargo, parecía que no existía una cura definitiva y eficaz para mi afección.
Físicamente, me encontraba en un estado de debilidad extremo debido a la pérdida de peso ocasionada por la depresión y la ansiedad que sufría, ( apenas contaba con 37 kilos y medía un metro y cincuenta y cinco centímetros), y a los numerosos efectos secundarios de la abusiva medicación que tomaba.
Recuerdo aquellos tres años de tratamiento, como los peores de toda mi vida.
Pasaba literalmente, los días llorando acosada por aquellos espeluznantes, involuntarios y persistentes pensamientos e ideas que me atormentaban, apenas dormía amenazada por terribles pesadillas que me consumían y, desesperada, sentía que no reunía fuerzas suficientes como para continuar luchando contra la indescriptible tortura, principalmente psicológica, que suponía permanecer viva.
“- Es una enfermedad-”, me decían, “- tú no tienes la culpa de padecerla, ni mandas sobre tus pensamientos, son agentes intrusivos que pretenden hacerte daño en contra de tus verdaderos sentimientos-”.“-¡ Dios mío! ¿Qué quería decir todo aquello?-”
Continua aquí...
Confusas asociaciones entre acciones y efectos, empezaron a angustiarme e incrédula, luchaba sin éxito, por entender una situación que difería mucho de la realidad que me rodeaba.
Actividades tan cotidianas como elegir la ropa para vestirme cada día, hacer los deberes, encender la televisión y fijar una programación; arreglar la habitación o prepararme la mochila del colegio, por ejemplo, suponían dificultosos retos para mí pues imaginaba un resultado perjudicial deviniendo de la realización de los mismos.
A caballo entre un universo fantástico y la realidad establecida, y cercada por una enfermedad que restringía no sólo mis voluntades sino también algunas de las actividades humanas más básicas, fueron sucediéndose los años.
Ya no gesticulaba una sonrisa, había perdido la capacidad física para hacerlo y sólo lloraba, lloraba desconsolada por las terribles ideas y peores pensamientos que invadían mi mente enferma.
El Trastorno Obsesivo Compulsivo se había apoderado de mí y dejé de ser dueña de mi propia conciencia.
Ideas, pensamientos y, lo que yo creía que eran sentimientos, negativos, ( contrarios a los míos verdaderos), comenzaron a dominar mi mente.
No me pertenecían y eran consecuencia de la enfermedad psicológica que padecía. Sin embargo, yo no podía saberlo y creí haberme convertido, de la noche al día, en una mala persona...
Ya no sólo imaginaba efectos fatídicos sobreviniendo de la consecución de determinados actos, sino también, terribles insultos contra los seres que más quería, ( familia, amigos, incluso Dios y otras figuras religiosas), así como, lo que yo consideraba que eran entonces, sentimientos de alegría derivados de todas aquellas desgracias que sucedían a mi alrededor o escuchaba en las noticias.
“- ¿Pero qué me estaba pasando?-” No comprendía nada. Aterrada por unos sentimientos de culpabilidad increíblemente espantosos, caí en una profunda depresión de más de tres años.
Fui tratada por diferentes especialistas en psicología y psiquiatría de toda España sin embargo, parecía que no existía una cura definitiva y eficaz para mi afección.
Físicamente, me encontraba en un estado de debilidad extremo debido a la pérdida de peso ocasionada por la depresión y la ansiedad que sufría, ( apenas contaba con 37 kilos y medía un metro y cincuenta y cinco centímetros), y a los numerosos efectos secundarios de la abusiva medicación que tomaba.
Recuerdo aquellos tres años de tratamiento, como los peores de toda mi vida.
Pasaba literalmente, los días llorando acosada por aquellos espeluznantes, involuntarios y persistentes pensamientos e ideas que me atormentaban, apenas dormía amenazada por terribles pesadillas que me consumían y, desesperada, sentía que no reunía fuerzas suficientes como para continuar luchando contra la indescriptible tortura, principalmente psicológica, que suponía permanecer viva.
“- Es una enfermedad-”, me decían, “- tú no tienes la culpa de padecerla, ni mandas sobre tus pensamientos, son agentes intrusivos que pretenden hacerte daño en contra de tus verdaderos sentimientos-”.“-¡ Dios mío! ¿Qué quería decir todo aquello?-”
Continua aquí...

Fue aproximadamente a la edad de los ocho años cuando comencé a desarrollar el Trastorno Obsesivo Compulsivo.
Estudiaba en un colegio católico y la Religión se convirtió en un asunto perturbador para mí desde muy pequeña.
(Recuerdo que rezaba al levantarme por las mañanas, también antes de cada comida, bendiciendo los alimentos, y al acostarme).
Sin embargo, mi infancia transcurrió, creo, como la de la mayoría de niños de mi misma edad hasta que irremediablemente aconteció en mi vida el primer suceso trágico: la muerte de un ser muy querido.
A partir de entonces todo cambió. (No comprendía qué había pasado exactamente ni tampoco sabía dónde se encontraba ahora aquella persona amada).
La conciencia de la muerte se convirtió en una verdadera obsesión para mí. Tenía entonces diez años. Y aquí empezó mi pesadilla, el impulso de mi enfermedad psicológica: el Síndrome Obsesivo Compulsivo
.
(Se puede manifestar de formas muy distintas en cada persona que lo padece, sin embargo, el mecanismo de éste es siempre el mismo.
El enfermo siente una vulnerabilidad o debilidad exageradas frente a uno o, en ocasiones, varios aspectos en concreto que, poco a poco, va transformando en el objeto u objetos de su obsesión.
El obsesivo compulsivo se obceca en ellos, convirtiéndolos en pensamientos e ideas que va introduciendo de forma involuntaria y repetitiva en su mente.
Estos pensamientos e ideas son, en todos los casos, muy molestos y recurrentes en la persona que padece este complejo trastorno psicológico. Habitualmente, producen un fuerte estado de ansiedad e incluso pueden degenerar en agudas depresiones).
La Religión en general, las dudas y preguntas que se me planteaban en torno a la muerte, el conocimiento de nuevos y, hasta el momento, ignorados problemas que afectaban al mundo y a las personas que vivíamos en él fueron, básicamente, mis particulares objetos de obsesión.
Pasó el tiempo y entré en la adolescencia.
Recuerdo que llegaba a casa después del colegio, cogía mis libros y los llevaba a la habitación de estudio. Antes de hacer los deberes, cuando estaba todo dispuesto, corría a mi dormitorio, cerraba la puerta y comenzaba a rezar...
Sabía que lo que hacía no era normal pero todas las tardes sentía esa necesidad de ir a rezar a mi cuarto para que no sucedieran cosas malas, para intentar evitarlas...Era como una obligación que me pertenecía y si algún día no cumplía con ella, me sentía fatal.
Este era mi mayor problema, sin embargo, tenía alguno más. Por ejemplo, esa obsesión por lavarme las manos en todo momento. Nunca creía estar completamente limpia, notaba suciedad y sentía un enorme alivio cuando, al fin, podía enjabonarlas.
De este modo fui creciendo hasta alcanzar los trece años. Era el último curso en el colegio y, como era costumbre, se organizó una excursión para celebrarlo: viajaríamos a Barcelona.
Era estupendo y me hacía muchísima ilusión. No había nada malo en ello...
(Sin embargo, mi mente, que había comenzado a enfermar hacía ya algún tiempo, asoció la feliz idea de realizar un viaje con la desagradable posibilidad de que se produjera un acontecimiento trágico en el caso de materializar aquella ilusión: si viajaba a Barcelona, a mi madre le sucedería algo malo).
Ya no podía permanecer más en silencio. El secreto celosamente guardado de mi actitud en la intimidad, tenía que descubrirse pues se me planteaba un problema para el que sabía que no conseguiría encontrar solución en mi soledad.
Desafiando a los por mí considerados, permisibles rechazos y burlas de quienes me rodeaban, decidí salir de mi retraimiento y contarle a mi familia y amigos más cercanos, mi temor hacia una posible desgracia acechando a mi madre en el caso de realizar el ansiado viaje de final de curso. En contra de lo esperado, todas las personas a quienes confesé mi escondida angustia, se mostraron receptivas y comprensivas hacia mí, mis miedos y mis dudas. Me convencieron para ir a Barcelona, haciéndome ver que todos aquellos pensamientos e ideas que me atormentaban, carecían de lógica y no tenían fundamento posible al que atenerse.Ya con la conciencia tranquila realicé, finalmente, el viaje a la ciudad condal.
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Estudiaba en un colegio católico y la Religión se convirtió en un asunto perturbador para mí desde muy pequeña.
(Recuerdo que rezaba al levantarme por las mañanas, también antes de cada comida, bendiciendo los alimentos, y al acostarme).
Sin embargo, mi infancia transcurrió, creo, como la de la mayoría de niños de mi misma edad hasta que irremediablemente aconteció en mi vida el primer suceso trágico: la muerte de un ser muy querido.
A partir de entonces todo cambió. (No comprendía qué había pasado exactamente ni tampoco sabía dónde se encontraba ahora aquella persona amada).
La conciencia de la muerte se convirtió en una verdadera obsesión para mí. Tenía entonces diez años. Y aquí empezó mi pesadilla, el impulso de mi enfermedad psicológica: el Síndrome Obsesivo Compulsivo
.
(Se puede manifestar de formas muy distintas en cada persona que lo padece, sin embargo, el mecanismo de éste es siempre el mismo.
El enfermo siente una vulnerabilidad o debilidad exageradas frente a uno o, en ocasiones, varios aspectos en concreto que, poco a poco, va transformando en el objeto u objetos de su obsesión.
El obsesivo compulsivo se obceca en ellos, convirtiéndolos en pensamientos e ideas que va introduciendo de forma involuntaria y repetitiva en su mente.
Estos pensamientos e ideas son, en todos los casos, muy molestos y recurrentes en la persona que padece este complejo trastorno psicológico. Habitualmente, producen un fuerte estado de ansiedad e incluso pueden degenerar en agudas depresiones).
La Religión en general, las dudas y preguntas que se me planteaban en torno a la muerte, el conocimiento de nuevos y, hasta el momento, ignorados problemas que afectaban al mundo y a las personas que vivíamos en él fueron, básicamente, mis particulares objetos de obsesión.
Pasó el tiempo y entré en la adolescencia.
Recuerdo que llegaba a casa después del colegio, cogía mis libros y los llevaba a la habitación de estudio. Antes de hacer los deberes, cuando estaba todo dispuesto, corría a mi dormitorio, cerraba la puerta y comenzaba a rezar...
Sabía que lo que hacía no era normal pero todas las tardes sentía esa necesidad de ir a rezar a mi cuarto para que no sucedieran cosas malas, para intentar evitarlas...Era como una obligación que me pertenecía y si algún día no cumplía con ella, me sentía fatal.
Este era mi mayor problema, sin embargo, tenía alguno más. Por ejemplo, esa obsesión por lavarme las manos en todo momento. Nunca creía estar completamente limpia, notaba suciedad y sentía un enorme alivio cuando, al fin, podía enjabonarlas.
De este modo fui creciendo hasta alcanzar los trece años. Era el último curso en el colegio y, como era costumbre, se organizó una excursión para celebrarlo: viajaríamos a Barcelona.
Era estupendo y me hacía muchísima ilusión. No había nada malo en ello...
(Sin embargo, mi mente, que había comenzado a enfermar hacía ya algún tiempo, asoció la feliz idea de realizar un viaje con la desagradable posibilidad de que se produjera un acontecimiento trágico en el caso de materializar aquella ilusión: si viajaba a Barcelona, a mi madre le sucedería algo malo).
Ya no podía permanecer más en silencio. El secreto celosamente guardado de mi actitud en la intimidad, tenía que descubrirse pues se me planteaba un problema para el que sabía que no conseguiría encontrar solución en mi soledad.
Desafiando a los por mí considerados, permisibles rechazos y burlas de quienes me rodeaban, decidí salir de mi retraimiento y contarle a mi familia y amigos más cercanos, mi temor hacia una posible desgracia acechando a mi madre en el caso de realizar el ansiado viaje de final de curso. En contra de lo esperado, todas las personas a quienes confesé mi escondida angustia, se mostraron receptivas y comprensivas hacia mí, mis miedos y mis dudas. Me convencieron para ir a Barcelona, haciéndome ver que todos aquellos pensamientos e ideas que me atormentaban, carecían de lógica y no tenían fundamento posible al que atenerse.Ya con la conciencia tranquila realicé, finalmente, el viaje a la ciudad condal.
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